domingo, 11 de agosto de 2013

LOS SEGADORES







SEGADORES





Hace unos días que una buena amiga de Santa Cruz me envió una foto espectacular de un campo de trigo Manchego segado. Era un atardecer precioso, con ese contraste de oro y púrpura que es la nota de color predominante en el estío de esos campos recién segados, y mira por donde me vino a la memoria algo que parece que fue soñado por mí.

Recuerdos de otros tiempos, en los que no existían las máquinas para hacer más llevadero el arduo trabajo al que se sometían muchos hombres y mujeres de nuestra querida España.

Llegando mediados de Julio se veían aparecer por el pueblo lo que entonces llamábamos “cuadrillas” de segadores, venidos de todos los rincones de la geografía, para buscar el ansiado trabajo, y así poder mitigar en parte, las penurias que se atravesaban en esos tiempos.

Hasta aquí -aparentemente- todo parece normal, pero estrujándome un poco mas mis meninges, se fue haciendo un hueco en mi memoria de cómo trabajaban y vivían esas personas, así es como yo lo viví, recuerdo y lo cuento.

A los niños que éramos entonces, nos causaban no miedo, pero si respeto cuando llegaban las cuadrillas, normalmente eran hombres, aunque alguna mujer también había, su indumentaria los delataba, y no precisamente por lo pintoresco, sino todo lo contrario, el atuendo típico solía ser, pantalón de pana, la mayoría con unos parches o remiendos de otro color en la parte delantera de las perneras, camisola parda suelta a la usanza, un pañuelo anudado al cuello del que llamaban de “hierbas” y un gran sombrero de paja, rematado todo con unas abarcas o sandalias de tiras de cuero en los pies y una faja anudada alrededor de la cintura, de la cual, por regla general, solían llevar entre ella la hoz, ya que era su principal herramienta con la que debían trabajar, y a la espalda un hato con las pocas pertenencias que tenían, y que trasportaban de un lugar a otro, normalmente lo hacían caminando, o si el caso se daba y tenían algo de suerte, algún campesino que se trasladaba de pueblo se prestaba a llevarlos hasta donde pudiese, e iban sentados detrás de la humilde galera con los pies colgando como muñecos inertes.

Los que más recursos tenían, si es que se podía decir a eso recursos, pernoctaban en la posada de Maximino, pero la mayoría, habrían de descansar sus maltrechos huesos en un inmundo lugar que, previamente les había asignado el contratador para las faenas de la siega de sus campos.

Aunque siempre alguien se hacia eco de habladurías, contando que los segadores tenían mala fama por pendencieros, nunca se habló mal de los que por allí pasaron.

Trabajando de sol a sol, así es como lo hacían, con las espaldas encorvadas y la hoz en su mano, solo miraban al frente de cuando en cuando par ver si les cundía la faena que tenían, que por mucho que quisieran, poco les alegraría, ya que después de esos campos, otros los esperarían.

Detrás iban las mujeres haciendo haces de las espigas esparcidas, mientras otros las pinchaban con horcas de tridente, y con gran esfuerzo, a los carros las subían, que poco a poco iban llenando para después llevarlas a las eras y comenzar la trilla.

Y allí en la era, unos las esparcían, otros las removían, y terminada la trilla, otros las ablentaban para separar el candeal de la paja, y así pasaban los días.

Con que gusto nos comíamos ese pan tan blanco y a que poco nos sabia, muchas veces sin saber, que sudores por el corrían, de esos segadores a los que pocos aludían.

Gracias a esa bendita gente este que suscribe, -y tantos que no diría-, hemos podido crecer en paz y buena armonía.

Que no se les deje en el olvido, que no pasen los días, en que no nos acordemos de que una vez, gracias a los segadores, podemos seguir contado el día a día.



En recuerdo a los Segadores, olvidados por tanta desidia.



José Marín de la Rubia


domingo, 7 de abril de 2013

DE CUANDO FUI BOTONES EN EL CASINO








Rondaba yo los 9 años de dad, con lo cual, -ya que no me importa decir la edad- estábamos en el año del Señor de 1959 cuando fui ensalzado al grado de Botones del Casino, para los que conocen el pueblo, Circulo de Recreo, y coloquialmente hablando, el Casino de los señoritos.

Con mi incipiente pubertad por llegar, ya me había convertido en un asalariado mas de mi familia, (que gracia tiene esto), e ingresaba un jornal de nada mas y nada menos que ¡¡30 duros al mes!!, que si hacemos la conversión de las pesetas a los actuales y “antipáticos” euros, suponía 0,90 céntimos de euro mensuales.

Fue un trabajo improbo, ya que tenia que dejar de ir al colegio por las tardes y acudir a mi cita diaria para atender las solicitudes de tan ilustre personal que por ese lugar solía concurrir, pero las circunstancias mandaban, y había que hacer frente a las penurias que en esos años “casi” todos padecíamos.

No obstante fue un buen aprendizaje en la vida, ya que pude observar lo mejor y lo peor que llevamos dentro el ser humano, y a fe que me vino muy bien, ya que aprendí algo tan sutil e importante como no perder nunca la dignidad, cosa que en muchos adultos que veía en ese tiempo y lugar, era algo que parecía no importarles mucho.

Ya me advirtieron que, de lo que viese o escuchase allí, nunca debía mencionarlo, y como buen cumplidor de mi palabra, solo comentaré algunas anécdotas, pero sin mencionar nombre alguno, para así, no herir la sensibilidad de esas grandes personas, que se jugaban -hasta si era preciso- la mujer en una partida de cartas. Hecho este que circulaba por los corrillos del pueblo, y que a buen seguro que tal y como dice el refrán, -cuando el río suena, agua lleva- .

Allí conocí a personajes ilustres -como comentaba antes, al que no viene al caso aludir-, que viendo como todos los ahorros de una vida se iban en un suspiro en el juego del Gilei,, las siete y media u algún otro juego similar, no reparaban en sacarse el reloj de oro de su muñeca y ponerlo encima del tapete verde para ver si así cambiaba su maldita suerte jugando todo a una sola partida.

Yo, que ganaba lo que he comentado al principio, y con mi escasa cordura de la niñez, no dejaba de sorprenderme ante tamaña injusticia, ya que mi familia tenia que hacer grandes esfuerzos para salir adelante, mientras otros dilapidaban fortunas en una sola noche.

Tuve que sufrir la falta de ética que se nos presuponía a los pobres asalariados, y devolver el billete de 5 duros, que con alevosía dejaron tirados en el suelo de la pequeña biblioteca para ver que grado de honradez tenia. Gracias a mi querido padre, que antes de que yo pusiese el primer pie en el susodicho Casino me advirtió, -Pepe, si ves algo que no está correcto, nunca lo hagas-, ¡¡jamás se te ocurra coger dinero que no te pertenezca!!, devuélvelo a tu superior, ya que el sabrá que hacer, al mismo tiempo que tu quedarás exento de querer aprovecharte de algo que no te pertenece y garantizaras tu honradez y la de tu familia.

Creo que con lo expuesto hasta ahora, os podéis imaginar hasta donde llegaba la “confianza” que se depositaba en los que solo íbamos a ganarnos un “misero” jornal para salir adelante, pero bueno, no solo ocurrieron estos hechos, -para fortuna mía-, ya que hubo de todo como en la viña del Señor.

No todo fue nefasto, también tengo recuerdos gratos en el tiempo que duró este pequeño y audaz trabajo, aconteceres mas o menos alegres, divertidos y hasta audaces.

Cuando llegó el carnaval, cierto es que me lo pasé de lo mas divertido, en aquellos tiempos era muy típico -al menos en el Casino- tener un “organillo” con el que amenizar las fiestas, y obvio es decir que me lo pasaba “bomba” dándole a la manivela y como por arte de magia surgieran unas melodías que hacían bailar al menos dado a ese arte.

En esos tiempos conocí por primera vez el afable e inquebrantable “Nati”, que ya apuntaba maneras de lo que iba a ser su vida, persona dicharachera y presto a hacer las delicias de los que por allí trabajamos para hacernos reír, y que decir del encargado de la cafetería, Sabino, gran persona y mejor trabajador, servicial donde los hubiese, creo que si la memoria no me falla, fue el primero en ofrecerme un café con leche, pena me da -ya que aún vive- de ver como no puede valerse por si mismo.

Allí también comencé a ver por primera vez la televisión, (en blanco y negro) que nos parecía algo mágico, y como no, recuerdos imborrables de atender el teléfono, aquel teléfono negro de baquelita adosado a la pared, y al que tenia que poner una silla para poder acceder y descolgar, no es que haya crecido mucho en mi vida, -corto de talla que es uno- pero ya os podéis hacer una ligera idea la altura que tenia este pequeño ser para atender semejantes circunstancias y responder con presteza y diligencia las llamadas, no sé como no me pegué algún batacazo cuando corriendo iba y me encaramaba al sillón y descolgar el teléfono, tenia su por qué, ya que la mayoría de las veces preguntaban por algún cliente asiduo para darle un mensaje, y como recompensa había propina para el transmisor, -en este caso yo- ¡¡ imagínense lo que se podía hacer en aquellos tiempos con una peseta !!, y eso, -que para ellos era una miseria-, para mi era todo un tesoro con el que podía comprar infinidad de chucherías, aunque generalmente me lo ahorraba para poder comprar en casa de Melanio el famosisimo Guerrero del Antifaz, o en su caso si no lo había, El Jabato. Cualquiera que haya vivido esa época sabrá a que me refiero, todos los chicos estábamos como locos por esos folletines del tres al cuarto, claro, eso es lo que me parece ahora, pero en nuestra pequeñas seseras de entonces, nos parecía lo mas espectacular que se había escrito.

Quizá por leer ese tipo de bodebiles en versión cruzada, tuve la suerte de poder salir airoso de una escaramuza con chiquillos de mi edad.

Invariablemente todos los días, el conserje del Casino, que era mi jefe directo, me hacia ir a la confitería de Casa Arenas a por unas Magdalenas, que con un buen vaso de café con leche se merendaba con verdadera fruición.

Al cabo de unos días, pude observar como una pandilla de chavales de mi edad, -creo que eran unos cuatro- no hacían nada mas que seguirme y burlarse de mi y mi atuendo, ya que si antes no lo había mencionado, tenia que llevar obligatoriamente una vestimenta apropiada para el fin que estaba desarrollando, (lastima no haberme echo una foto de esa guisa), consistía en un pantalón largo y una chaquetilla abotonada hasta el cuello con botones dorados y de color gris claro la tela.

Como a mi me habían educado de manera de que no me metiese en líos y obviase cualquier provocación, no les di importancia, y sin prestarles la mayor atención, hacia mi recorrido habitual sin importarme lo que dijesen, no sé si fue acertada mi actitud, ya que, esta mencionada cuadrilla se envalentonó ante mi pasividad, y un buen día noté que no me seguían, volví yo de nuevo con el citado encargo diario y me encontré de improviso que, en el cancel que daba entrada al Casino se habían apostado para esperarme con el ánimo de ultrajarme lo mas que pudiesen, mi sorpresa fue mayúscula, ya que el que parecía ser el cabecilla del grupo se adelantó y le pegó un mandoble a la mano que soportaba las citadas Magdalenas tirándolas al suelo, no se como, pero supe en ese momento que la cosa pasaría a mayores, y mi mente saturada de los tebeos del Guerrero del Antifaz hizo su aparición, recordé que una de las premisas en las peleas y guerras era que, si derribabas al jefe o cabecilla, los demás se retirarían en desbandada, faltos de las ideas del que consideraban su adalid, dicho y echo, no se de donde saque el valor y las fuerzas, pero mi puño cerrado fue a impactar directamente con la nariz del mencionado cabecilla, y un hilo de sangre comenzó a salir por sus fosas nasales, antes de que pudiesen reaccionar, volví a la carga y descargué una patada no se donde, pero hizo el efecto que esperaba, se retiró a un rincón gimiendo, mientras los demás miraban con asombro como su jefe se batía en retirada, en ese instante solo me quedaba una solución, ahora o nunca, y armándome de un valor inexistente dije, ¡¡ ahora el siguiente !!, ni que decir tiene que ante el alboroto y la cobardía que se apoderó de la banda, salieron corriendo como si el mismísimo diablo les persiguiese. Compungido y aún temblandome las piernas, noté como se abría la puerta del Casino y aparecía el conserje, al ver su anhelada merienda en el suelo me espetó, ¿ que ha pasado Pepe ? Nunca sabré si hice bien o mal, solo se me ocurrió decirle que, a la entrada de la cancela había tropezado y se me había caído el paquete que con tanto esmero le traía a diario, para mi extrañeza, puso cara angelical y dijo, no te preocupes, a cualquiera le puede pasar eso, acto seguido se metió la mano en el bolsillo y me dio unas monedas diciéndome, no te apures mucho y ve a comprar otras, que esto tiene solución.

A partir de aquel día, vi al conserje de otra manera distinta, supe que entre todo lo que allí se encontraba dentro, y que creía que estaba podrido, alguien había que se salvaba de esa idea que había calado en mi corta sesera.

Cabe reseñar que, un tiempo después de nuevo apareció la susodicha pandilla, pero cual no fue mi sorpresa que se acercaron a mi y en un tono de lo mas conciliador me espetaron, -eres todo un valiente, si alguna vez necesitas de nosotros, aquí estaremos para ayudarte-.

Jamás volví a verlos, o al menos mi memoria no recuerda de que hubiese algún encuentro mas, solo sé, que a partir de ese momento sentí que, está bien ser buena persona, pero si te dejas avasallar por las circunstancias, cualquiera puede hacerse con tu voluntad.

Creo que me  he extendido demasiado en mi relato, cierto es que hubo mas anécdotas, a cual mas curiosas, pero el lector sabrá apreciar y leer entre lineas que, ni todo acaba bien, ni acaba mal, solo es según el cristal con que se mire.


jueves, 14 de febrero de 2013

DE NUEVO BROTÓ EN MI LAPRIMAVERA


Brota la Primavera


De nuevo brota la primavera,
Ya despuntan los almendros en flor.
Las margaritas ya comienzan a apostar,
¿Tu me dirás que si? ¿Tu me dirás que no?

Yo pensaba que si, y tu no me dijiste no,
El amor es impredecible, el Amor es pasión.
Nuestros ojos hablaron, lo que la boca calló,
Y los labios se encontraron, un beso los selló.

Fuiste la rosa de invierno en mi destino,
La flor que en mi camino se cruzó.
Nuestras almas se encontraron,
Y nuestro intenso amor nos unió.

Ajenos a la vida que giraba  alrededor,
Paseamos asidos de la mano, tú y yo.
No sentíamos nuestras pisadas,
Flotábamos entre nubes de algodón.

Quiero seguir siempre a tu lado
Quiero sentir tu calor
Quiero seguir saboreando tus labios
Quiero seguir diciéndote,

 Amor






lunes, 11 de febrero de 2013

RECUERDOS DE MIS COLEGIOS








Mis recuerdos de colegio arrancan de las mal llamadas “escuelas de los cagones” en la calle Solares de Santa Cruza de Mudela. Como signo de identidad, todos y cada uno de nosotros, -tiernos y pequeños infantes-, debía llevar consigo el pequeño taburete, sillita o “posaero” en la que debíamos sentarnos, ya que no era un aula a la usanza, sino una casa con un extenso patio donde se impartían las “teóricas clases”. No eran tiempos de guarderías, -esa palabreja ni se conocía-, era una señora que, dado su precario modo de vivir en esos tiempos, se las ingenio para dar acogida a los alevines que no tenían la suficiente edad como para incorporase a los estudios, y de paso, -además de dejar en paz a las madres para que hiciesen sus labores-, sacar algunas “perras” con las que sobrellevar las carencias propias que imponía la posguerra. La Sra,. Pilar -así se llamaba- nos introdujo en el siempre difícil y a la vez grandioso arte de aprender a leer y escribir allá por el año de 1953-54, fue mi primera experiencia y contacto con las letras. No había castigos, solo se nos asustaba con el consabido lema de que, si no te sabias la lección, te quedarías castigado a comer “gachas con picante”, ante estas severas advertencias, de esta guisa aprendí mis primeras palabras orales y escritas, que si bien nunca se llevó a cabo el consabido quedarse a comer las famosas gachas, hizo bien a todos, ya que ante la amenaza, y la corta edad que teníamos, poníamos todo nuestro empeño en recitar todas y cada una de las silabas que nos iban dictando y en palabras de la Sra. Pilar -según esta señora- le comunicó a mis padres que yo era un aventajado, y que tenia grandes posibilidades en la vida en estos menesteres, gran señora, pero creo que me valoró en demasía.


Como el tiempo pasa sin remisión para todos, llegó el momento en que ya tenia edad para comenzar mis estudios mas seriamente. Mis padres optaron, después de arduas y duras conversaciones, -ya que no era fácil lo que se proponían- enviarme al colegio de las Concepcionistas, en otras palabras y para que todos me entiendan, al colegio de las Monjas.

Aquí comenzó, propiamente dicho, la primera experiencia escolar de mi vida. Esta es una etapa que quedaría grabada en mi memoria, así lo atestiguan mis recuerdos, si no, ¿ a cuento de que iba yo a hacer alusión a esto ?.

El colegio de las Monjas tenia algo especial, -al menos para los niños varones de esa época-, ya que una vez cumplidos los siete años de edad, y tras hacer la primera comunión, debíamos abandonar el colegio, allí solo podían continuar los estudios las niñas. Nunca tuve ni la mas remota idea el por qué de esta decisión, solo sé, que se acataba en el pueblo y nada mas.

Recuerdo -como comentaba anteriormente- esa etapa de mi vida como algo distinto. Allí me inculcaron, -además de estudiar-, a ser respetuoso con las personas, a ser educado y no ser orgulloso. Sé que mas de uno no tendrán tan buenos recuerdos como yo de esos días en el colegio de Las Monjas y de las clases, pero es lo que mi acontecer de la vida en ese colegio me quedó en la memoria. -salvo en una ocasión- en la que mi madre y mi tía tuvieron que intervenir y poner una queja (la cual fue escuchada y puesta en practica por la Madre Superiora) salvo ese percance, nunca tuve el menor problema en el colegio, todo lo contrario.

Como no recordar de esos tiempos a mi profesora Sor Victoria, que pese al mal carácter que tenia, también sabia inculcarnos los métodos que mejor se ajustaban para que fuésemos unos alumnos aventajados, no solo en los estudios, sino en cuanto a educación y respeto hacia los demás, (cosa que hecho de menos en la actual educación), y aunque poco trato tuve que ver con Sor Josefina, -que dicho sea de paso se desvinculó de la orden-, era también una gran profesora.

Y que decir de la hermana Mónica, la “portera” , ya que por su avanzada edad se preocupaba de la puerta del colegio, presta siempre a ayudarte para entrar y en orden, y aún con el paso de los años, sigo viendo su cuerpo flaco y un tanto amagado, pero con su sempiterna sonrisa en los labios.

Anécdotas de ese tiempo vivido tengo para llenar unos cuantos folios, pero seria muy prolijo de enumerar, y no es mi intención aburrir al sufrido lector en dar toda clase de explicaciones, que incluso creo que pensarían que son banales y aburridas. Basta con decir que fueron muchas, diversas y con distintos finales, para que se hagan a una idea solo apuntaré un par de ellas, quizá las que mas recuerdo me dejaron. La primera fue ser el primero en llegar a la meta en una carrera de sacos, -creo que nunca mas he llegado el primero a ningún sitio- y recibir una bolsa llena de caramelos, imaginaos en una época en la que los caramelos solo se veían y degustaban solo por fiestas o ferias, ¡¡aún me embarga la emoción!!

La segunda fue hacer una obra de teatro, nada mas y nada menos que Blanca Nieves y los siete Enanitos, (conservo fotos en blanco y negro de esa obra), pero claro todo no iba a ser bueno, como yo tenia incontinencia verbal y no paraba de hablar, decidieron que debía hacer el papel de mudito, no fuese que estropease el papel de los demás y no dejarles hablar en toda la función, eso si, tuve mi momento de gloria efímera, se me asigno una escena en la que yo debía salir solo al escenario medio en penumbra, con una vela encendida buscando a mis compañeros de corta talla y gesticulando, ya que yo era el “mudito”.

Una vez terminada esta fase y dejar el colegio de las Monjas, otra cosa bien distinta fue cuando tuve que emigrar, -cumplidos los siete años anteriormente citados- a otros colegios del pueblo, a partir de ahí, si que fue para mi un verdadero calvario.

En primer lugar fue ir a parar a las escuelas de la Falange y de las JONS, estaban en lo que hoy (los que tenemos recuerdo de esos años) al lado de la casa de Toledo, allí me introdujeron para seguir mis estudios, y aunque vago recuerdo de ellos tengo, si que se grabaron a fuego con toda claridad los pescozones, retorcidas de orejas y algún que otro “guantazo” por parte de “ínclito” prócer que en esos años campaba por sus respetos, el Sr. Cachito. No sé -ni nunca me lo aclararon- porque este Sr. debía impartir lo que ahora llamamos educación, ya que, y desde la larga distancia que me separa, nunca pude ver educación ninguna en la que impartía, ya que lo que mejor sabia hacer, era repartir “hostias” a diestro y siniestro, ponernos de rodillas con los brazos en cruz y libros en las manos. No se si por suerte o por casualidades de la vida, (comienza a fallar la memoria) me trasladaron a las escuelas del “Jardinillo”.

Aunque al principio pensé que para mi triste figura al fin había llegado la suerte, no fue tal, ya que el profesor que me tocó, Don Eduardo, que si bien no solo hacia que pasar los días esperando su jubilación y dando tortazos a quien no fuese capaz de decir una frase completa, se regocijaba en ir detrás de su propio hijo cuando algo no lo sabia, (Ginés para mas señas) por toda la clase propinándole toda clase de tortazos e improperios, que , una vez pasados tantos años, pienso que lo hacia adrede, para que los demás nos diésemos por aludidos y pensásemos, si esto lo hace con su propio hijo, ¡¡¡ que nos esperararia a nosotros !!!.

Cuando en alguna ocasión este profesor estaba enfermo o no podía acudir a clase, nos pasaban al aula de Don Francisco, ¡¡ eso era otra cosa !! un gran señor, que se hacia de cruces de ver como los que supuestamente teníamos que ir mas adelantados, o como mínimo igual que los alumnos de su aula, estábamos muy por detrás de los que el tenia a su cargo, y con suma paciencia nos explicaba lo que a su parecer debíamos tener mas que asumido. Decir que sentía vergüenza es poco, tenia ganas de que la tierra se abriese y me tragase, ya que sus alumnos, eran muy superiores a nosotros en conocimientos.

No sé la relación que podían tener entre profesores, pero a mi corto entender de esos años, no creía que fuese muy grata, ya que el citado Don Eduardo intentaba por todos los medios que aprendiésemos que la letra con la sangre entra, mientras Don Francisco era todo un señor, que tenia la suficiente paciencia para educar a su clase con el mayor respeto posible dado los años en que esto ocurría.

Como anécdotas de estos años recuerdo como nos hacían ir por turnos a preparar la leche en polvo que de los EEUU nos enviaban para que no muriésemos de inanición las generaciones de la pos-guerra, y los que eramos afortunados en ir a prepararla en un cuartucho inmundo, nos atiborrábamos a beber la citada leche -con sus grumos incluidos-, ya que en nuestras humildes casas carecíamos de tan preciado tesoro como era lo mas indispensable para nuestro crecimiento, la leche.

Es obvio que lo citados EEUU no hacían nada en gratis, ya que en los recreos, teníamos la oportunidad de tomar toda la Coca-Cola que quisiéramos, así se aseguraban unos potenciales consumidores y toda su generación venidera, y sin querer ser repetitivo, a las pruebas me remito, salvo unos cuantos, ¿quien no bebe Coca-Cola desde entonces ?.

En estas condiciones y cuando tenia nueve años, no tuve mas remedio que ayudar a la familia, mis padres no podían soportar las cargas de esos tiempos y había que echar mano de todo lo que se pudiese, así que no tuve mas remedio que ir por la mañanas al colegio y por las tardes ejercer la función de botones del Casino, allí tuve muchas y variadas experiencias, pero eso ya lo contaré en otra ocasión.

Tuve que realizar en las escuelas nocturnas varias clases, para así al menos tener el certificado de estudios elementales.

Así que amigos, sin el menor rubor, os expongo aquí lo precario de mi educación y mi devenir en los colegios de mi infancia. Supongo que a partir de ahora podréis disculpar mi falta de léxico que pudiese incluir en mis pequeños escritos, que tan buena acogida han tenido por parte vuestra y lo que agradezco desde el fondo de mi corazón.

Pepe Marín


P.D. No es mi intención herir susceptibilidades de nadie, al nombrar a personas o sitios, solo apunto lo que en mi memoria quedó, y si alguien se da por aludido, vaya por delante mis mas sinceras disculpas.



sábado, 9 de febrero de 2013

RECORDANDO LA CALLE “REAL”






Hola amigos: Hace unos días he podido leer en el Blog de nuestro paisano Mauro como se hacia eco de la calle Real de nuestro pueblo, y bien que nos gustó a todos.

Mi intención es, y al filo de lo que el había escrito, poner un pequeño articulo que hizo mi hermano Manuel hace ya algunos años sobre la citada calle.

No es que quiera desprestigiar a Mauro sobre lo que escribió  ¡¡ nada mas lejos de lo que se pueda pensar !!, sino todo lo contrario, viene a ser un complemento a lo que el muy acertadamente escribió.

Todos sabemos, -salvando las distancias en el tiempo- lo que esa calle representó para muchos, que para mi, aunque sea solo en mi calenturienta mente, se le debería devolver al nombre original, y si me apuran, en vez de llamarle calle, le pondría Avenida.

Todos los que de allí somo sabemos que cuando nos queremos dar cita en esa famosa calle, nadie dice, ¡¡ quedamos en la calle Cervantes !! tendemos siempre a decir lo clásico, ¡¡ nos vemos en la calle Real !!.

Y ya sin mas preámbulos  paso a copiar y pegar el pequeño, pero a la vez interesante, que escribió mi hermano sobre la citada calle.

Espero que os guste tanto como a mi me agradó en su momento.


Calle “Real” (actualmente Cervantes), ¿quien no recuerda esta calle tan emblemática de nuestro pueblo?
Me imagino que en casi todas partes había un lugar semejante, pero creo que como nuestra calle real, ¡ni hablar!
Cuantos recuerdos nos trae a la memoria este singular paseo, que se hacía, principalmente, desde la esquina de “Mejía” hasta la esquina del Ayuntamiento. Como nosotros decíamos, sacando agua de la noria, paseo arriba y abajo, una y otra vez, sin cansarnos.

Charlábamos los amigos, repasábamos lo acontecido en la semana, ya que el paseo se hacía los Domingos, y hacíamos propuestas para los días siguientes, se comentaban una y mil cosas y así se pasaba la tarde-noche. Cuando nos cansábamos era obligado el paso a algunos de los bares que en el trayecto había, El Botas, La Campana.....y quizá algún otro que no recuerdo, donde, como solíamos decir, repostábamos con algún que otro “chato” de vino”, pues era lo que se llevaba entonces, no obstante ya se empezaba a tomar más asiduamente cerveza y la famosa “persi cola”, que decían algunos, y algún que otro “cuba libre”, supongo que en honor a la liberación de Cuba por Fidel Castro.

También era frecuente pasar a la confitería de Atanasio Arenas, donde podías degustar los deliciosos pasteles que hacían, regados con alguna que otra “copilla” de anís, coñac o menta.

Cuando se hacía tarde, nos aprovisionábamos de los clásicos frutos secos, pipas, cacahuetes, “garbanzos torraos” y otros, en los puestos que estaban al efecto (la Sra. Segunda y algún que otro más), para acto seguido marchar al cine de Antonio Laguna, que en un principio estaba más abajo del Casino o Círculo del Recreo. Llegábamos con nuestra entrada que controlaba el portero, un poco serio, pero eficaz y cumplidor de su misión,  Eladio Quero (creo que era artesano navajero). Que cantidad de “pelis” nos habremos visto en aquella  vetusta sala de cine que posteriormente se trasladó al que hicieron nuevo al final de la calle San Sebastián, y también al de Ladislao (el patito, con perdón) al principio de la calle real, tanto el de invierno como el de verano. 

Pero había otra razón, y quizás la más poderosa, para acudir a este paseo dominical, y de otras fiestas, y era ¡¡ como no! ! el echar el “ojo” a las chicas que por allí paseaban formando pequeños grupos al igual que los chicos. Cuantas relaciones no habrán salido de los paseos por esta calle. Allí se “echaban” los primeros piropos, se hacían conjeturas tales como: “esa me gusta, pues aquella otra no te la pierdas de vista, ¡¡anda pues si esta que viene por aquí es la hermana de fulano de tal !!, y una vez hecha la pre-selección nos tirábamos al ruedo, unas veces con más suerte que otra, hasta que por fin caíamos en las redes del amor, asaetados por el Cupido de turno.

Es de suponer, -como a mi me pasó-, que mas de uno de nosotros/as encontró en el paseo su media naranja, o al menos lo intentó, pues como no existían todavía las “Discotecas” u otros recintos apropiados para estos menesteres, echábamos mano a lo clásico, “ojeo, ánimo y.........al abordaje, aunque en muchas ocasiones había que echar más de una vez las redes, pues no siempre el “merluzo” era del agrado de la “pescaora”, pues en definitiva era quien tenía siempre la última palabra (yo creo que casi como ahora).

Mi caso, como antes he apuntado, en esta Real calle me enamoré, y el día de nuestra boda la paseamos andando hasta el salón de “Coronado”, que era donde se celebraban las bodas, así que los recuerdos que de ella tengo son más que gratos.

Aunque no se puede decir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, bien es cierto que “recordar es volver a vivir” y aún estando agradecido a los tiempos que vivimos, queda un regusto de todas esas vivencias que no hay pócima milagrosa que los haga desvanecer por mucho tiempo que pase. También es verdad que los años de adolescencia y primera juventud se suelen vivir con intensidad en cualquier época y, salvo excepciones, todo lo que se recuerda de ellos es bueno.

Un abrazo para todos.
Manolo Marín
Madrid, 1 de Abril de 2004


viernes, 4 de enero de 2013

NAVIDAD Y REYES




LA NAVIDAD Y REYES DE MI INFANCIA





Que difícil resulta hablar de la Navidad de mi infancia y juventud, ya que cualquier parecido con la actual, puede resultar pura ficción.

Ahora nos quejamos, (no sin razón, todo hay que decirlo) de la crisis en la que nos vemos envueltos, pero ya me gustaría que la juventud de ahora, aunque fuese solo por unos momentos, se trasladasen a ese tiempo que nosotros vivimos para darle la importancia que tiene la palabra “crisis”.

En primer lugar no conocíamos tal vocablo, simple y llanamente no había de nada, lo poco que se tenia, se compartía entre amigos o familiares, sin complejos ni sin tener que ir al Psicólogo.

Estas fiestas se celebraban como merecían, con alegría, sin darle tanta importancia a lo material, bastante teníamos con ser felices, y a fe que lo conseguimos  cosa ahora harto difícil de conseguir, ya que, si al siguiente día si no relatas las viandas tan suculentas y exclusivas que has cenado en Nochebuena y comido el día de Navidad, es como si no pertenecieses a esta sociedad vana y fútil que entre todos hemos conseguido.

Las familias se reunían en torno a una buena hoguera, se preparaba una cena con los mejores manjares que cada cual podía aportar, ( escasos y de ínfima calidad ) pero que sabían a gloria bendita. Acabada la cena se disponían los comensales en circulo y alguno se hacia con la “Zambomba”, artilugio fabricado una piel de conejo estirada y atada al rededor de una vasija de barro con su correspondiente caña en el centro, escupiendo en la mano para que al frotarla hiciese el familiar ruido del zun-zun, una botella de anís, (no hace falta decir nombre para no incluir “monerías” ) que al chocar las estrías que tenia con una cuchara hacia el acompañamiento perfecto, y la sempiterna pandereta, cantábamos villancicos entre trago y trago de vino o lo que se terciase hasta que llegase la hora de la misa del Gallo. Después y hasta que el cuerpo aguantase, -que solía ser bien entrada la madrugada- se tomaban los churros con chocolate, y el que podía aguantar, -los menos- seguían hasta el mediodía, los mas, se echaban un “cabezazo” hasta la hora de comer.

Y que decir de los regalos, ya no vale esperar a los Reyes Magos, ahora tenemos que importar al barbudo Papa Noel y dejar que los renos atraviesen la Península Ibérica sin pasaporte -aunque esto ahora nos resulte familiar- en regla para dejar regalos traídos desde Laponia.

Según mis últimas noticias, parece ser que los famosos Reyes Magos están algo confundidos, pues no saben si el convenio Celestial que tenían les ha vencido y no se lo han renovado, o es que simplemente los han desahuciado de sus quehaceres por no pagar el peaje de la era tecnológica, en cualquier caso parece ser que entre ellos incluso hay disensiones, vamos, que no se ponen de acuerdo.

Melchor aboga por ir a los sindicatos y hacer huelga de juguetes caídos, mientras Gaspar cree que seria mejor entablar un dialogo a través de las Naciones Unidas para que confirmen su estatus de toda la vida, en esas estábamos cuando Baltasar dijo que todo era pura xenofobia, ya que al ser de raza negra uno de los representantes, los han discriminado totalmente, y por ese motivo -según su versión- han preferido que Papa Noel sea el protagonista principal de la Navidad.

Yo, humilde servidor, he echo mis propias cavilaciones y he llegado a tal conclusión:

Cualquier fiesta, santo, o lo que se tercie que venga del extranjero, -cuando digo extranjero me refiero a España- es algo así como el sumun, lo mejor, la repera, mientras lo nuestro nos parece no ya solo obsoleto, diría yo que incluso hay mucha gente que hasta se avergüenza de sus ancestrales raíces.

¡¡ Que pena!! . Poco a poco vamos perdiendo nuestras propias tradiciones.

Nos hemos olvidado que para las fiestas Navideñas lo que privaba era el Belén, con musgo natural, algún trozo de cristal roto que hacia las veces de río, un poco de serrín de la carpintería mas cercana, las rocas de corcho, el castillo de cartón piedra y unas cuantas ove jitas con su pastor cuidándolas y alguna lavandera. Nunca existieron en mi niñez abetos cargados con bombillas de los chinos, ni el antes aludido barbudo con unos renos voladores, todo lo mas, estirábamos el cuello hacia el Cielo para intentar ver la estrella que guiaba a los Reyes Magos a Belén para ver si ya estaban cerca de nuestras casas y dejar los ansiados regalos, que con esmero habíamos pedido en nuestra carta.

Que muchos pensarán que era una patraña inventada por los poderes eclesiásticos, vale, ¿ y el citado barbudo con los renos es realidad ? ¿y el arbolillo con bombillas? ya sé que vais a pensar que no, que es una invención mas, pero ahí reside el quid de la cuestión, nuestros antepasados se ocuparon de inventar algo bonito para hacer que la sonrisa de los niños llegase a todos los rincones de nuestra querida España, e incluso la exportamos a Iberoamerica y se nos ha ido cayendo poco a poco sin ponerle remedio.



De seguir así, dentro de poco nos veremos celebrando el día de acción de gracias, -que no digo yo que esté mal-, pero que con su Pavo se lo coman.

A mi que me sigan dando jamón de Jabugo, queso Manchego y un buen tinto de Rioja . Y si me apuran, en cualquier región de España se vive y come mejor que en esos países Anglosajones que tratan de imponernos sus tradiciones, y de paso, llenarse los bolsillos a costa de nosotros, ¡¡ pobres incautos Españolitos!!.


¡¡¡ FELICES REYES MAGOS A TODOS !!!









domingo, 28 de octubre de 2012

Día de los Santos difuntos



Dado que se acerca el día de todos Los Santos, he querido dejar aquí un homenaje para todos aquellos que nos precedieron en su adiós en este mundo que conocemos. Y especialmente, a los Santacruceños que pasaron a la otra orilla.

Eso si, con todo mi respeto, ya que tarde o temprano, todos y cada uno de nosotros haremos el mismo camino, en este lugar o cualquier otro, partiremos hacia ese camino del que ya no se puede volver ni reprochar nada.







Hay un camino en Santa Cuz de Mudela cuajado de cipreses que miran al cielo impertérritos al tiempo, y que si pudiesen hablar, nos contarían mil historias de los que por allí allí han visto pasar.

Camino de gravilla fue en un tiempo, después lo quisieron asfaltar, pero los cipreses siguen escuchando las ruedas de los que hacen el camino, y ya no volverán.

Pasan diciendo adiós entre tejeras olvidadas, de surcos que ya no se quieren labrar, no pueden mirar hacia atrás, para ver por última vez la torre de la iglesia, aquella en la que fueron a bautismar.

Ese es el último camino que nos queda por andar, y se hace tranquilo, sabiendo lo que queda atrás.

Días de fiesta, de tristezas y..... algunas cosas mas, pero queda el consuelo de que alguien se acordará, de reponer flores, de lapidas limpiar, de algún rezo, de lo que dejamos atrás.

Unos se alegraran de que ya no existamos, los mas, nos echaran a faltar, y a esos dedico mis últimas palabras, no tengáis pena, nunca os he de faltar, allí donde estáis  en vuestros corazones mi alma indisoluble anidará, me voy en paz.

Si alguien me ha de juzgar, no seréis vosotros, será -si existe- el mas allá, pondrán la balanza de la vida y en ella sopesarán, lo bueno y malo que hice, y así me juzgarán.

Llevadme dentro de vosotros que así nunca os he de faltar.


Dedicado a todos los que por ese camino anduvieron.


Descansen en Paz


sábado, 24 de marzo de 2012

GAÑANES




GAÑANES

 

Un señor con traje y corbata a la antigua usanza que iba paseando tranquilamente por la Gran Vía de Madrid tuvo el mal acierto de tropezar con una silla de una de las muchas terrazas que por allí proliferan, con tan mala fortuna, que fue a darse de bruces con otro viandante sin poder evitarlo, intentó balbucear una disculpa dentro de su acaloramiento, y se encontró con una respuesta, que lejos de ser hostil, pretendía ser grosera, maleducada y en tono despreciativo le espetó, ¡¡ Gañan !!, parece que acabas de salir del pueblo.

Ante tamaña injusticia, y recomponiéndose como mejor pudo su atuendo se encaró con el que a su modo de ver le estaba increpando despreciativamente y le dijo después de disculparse educadamente.

-Mire usted señor, aquí donde me ve, tiene ante usted un abogado de cierto renombre, -aunque no venga al caso aludir donde trabajo- que gracias a ese pretendido insulto que ha dirigido usted hacia mí en tono peyorativo, quisiera aclararle ciertas cosas, ya que puedo observar que sus entendederas dejan bastante que desear al intentar insultar sin saber a lo que alude-

-Cierto es que no soy Gañan, pero sí le puedo decir que provengo de esa ilustre rama de trabajadores a los que todos denostaban e insultaban tiempos atrás, aunque no tan lejanos en el tiempo como para que una persona con un mínimo de sensatez y cultura no sepa de donde proviene-

-Mire señor, si tiene a bien sentarse en este banco, y si no le molesta y tiene el suficiente tiempo para lo que le voy a decir, me gustaría aclarárselo, todo ello sin intención de que crea que le estoy intentando confundir. Extrañado, -y a la vez confuso e intrigado-, accedió a sentarse con el ánimo de escuchar a aquel desconocido, ya que -a su pesar- era una de las pocas veces que podía conversar con una persona en un lugar tan poblado y a la misma vez tan desierto-

Una vez tomado asiento -y gracias al Sol de Primavera- hacia mas reconfortante la decisión que había tomado. Educadamente -al igual que anteriormente- el señor del tropezón saco de uno de sus bolsillos un paquete de cigarrillos rubios e invitó a coger uno a su accidental contrincante dialéctico, este lo admitió, casualmente tenían el mismo defecto, -o la misma virtud- de fumar la misma marca que le ofrecía, encendieron sendos cigarrillos, y después de exhalar unas buenas bocanadas cada uno, pareció que la tensión iba disminuyendo al igual que se consumía el humo de los cigarrillos.

Rompiendo el silencio el abogado dijo. 

-En primer lugar quisiera presentarme, mi nombre es Marcelo vivo en Madrid desde haces tantos años que ya no lo recuerdo, y mis orígenes son Manchegos-

El interpelado le miró y tras unas décimas de indecisión, le alargo la mano para estrechársela al mismo tiempo que le contestaba. 

-El mio es Isidro, panadero de profesión y soy natural del mismo Madrid-

Y a continuación le espetó, -

¿por qué se ha sentido tan ofendido con mi respuesta después de haber tropezado conmigo?-

-Verá -dijo Marcelo- si le sirve de consuelo, no me he sentido ofendido por el exabrupto que me ha dirigido a mí, sino porque ha ofendido, -posiblemente sin proponérselo- a mi familia, y a un colectivo que merecen toda mi admiración, quisiera explicarle el porqué de esta cuestión-

Acomodándose un poco más en el banco y volviendo a encender un nuevo cigarrillo miró hacia el Cielo azul y se dispuso a narrarle lo que aún -después de tantos años- jamás podría olvidar.

-Isidro, como ya le he adelantado, nací en un pueblecito de la Mancha, y en una familia en la que todos sus miembros estaban dedicados a las labores del campo, obvio es decir que cuando tuve la mínima fuerza en mi pubertad, yo también asumí las mismas tareas que los demás familiares desarrollaban-

-Nuestra jornada comenzaba a las 5 de la mañana, antes de que despuntase el alba, en primer lugar -y después de asearnos- entrabamos en las cuadras y preparábamos los animales con sus arreos correspondientes, pasábamos por la cocina y agarrando algún mendrugo de pan sobrante de la frugal cena anterior, nos poníamos en camino del campo, en el cual asumíamos la responsabilidad de hacer que la tierra diese sus frutos-

-Mi padre agarrado al ronzal de su mula, siempre caminaba a mi lado por los terrosos caminos, siempre lo recuerdo con la cabeza alta y el andar pausado, presto en todo momento a indicarme si anunciaba el día algún cambio en el clima, nunca supe como lo hacía, pero casi siempre acertaba en sus vaticinios meteorológicos-

-Teníamos un largo trecho que caminar hasta lo que llamábamos “el tajo”, que es donde el anterior día habíamos dejado la faena, para retomarla de nuevo, y en ese camino mi padre siempre me decía el mismo discurso.

-Mira Marcelo, este no es el futuro que deseo para ti, en cuanto tengas un año más tengo pensado enviarte a un buen colegio de Madrid, quiero que tu no seas como nosotros, que no tengas que depender de las inclemencias del tiempo, y sobre todo, de los que no labran la tierra, pero que nos obligan a que agachemos la cabeza para sacar un jornal con el cual podamos malvivir y ellos saquen unos grandes beneficios a costa de nuestro esfuerzo-

Bien que cumplió mi querido y añorado padre, al siguiente año me matricularon en un renombrado colegio de Madrid, allí comencé mis estudios. 

Nunca me faltó nada para que pudiese seguir cursando. Mi madre me escribía frecuentemente y me animaba a seguir estudiando duro para que fuese algún día, -como ella decía- “un hombre de provecho”, aguanté burlas y escarnios, y en vez de venirme abajo, me hacían más fuerte cada día y estudiaba con más ahínco si cabe, y por fin llego el día soñado, dentro de un mes -le anuncié a mi madre por carta- es mi graduación en Abogacía, espero que asistáis a la graduación, nada me haría más feliz que estuvieseis a mi lado, ya que todo se lo debo a mi querido padre, y a ti, por esforzaros para que no decayese en los momentos más difíciles.

La respuesta a mi carta fue demoledora, mi madre me decía. 

-Querido hijo, nunca estarás solo, asistiré a tu graduación aunque sea lo último que haga en esta vida, pero por desgracia, tu padre no podrá asistir. Para no turbar tu concentración no quise decirte nada, pero hace una semana que tu padre reposa para siempre en el cementerio del pueblo, estaba muy mal cuando me enviaste tu última carta, pero el ya sabes cómo era, no quiso que te dijese nada para no desconcentrarte, eso sí, me dijo con lágrimas en los ojos, dale un beso muy fuerte de mi parte a Marcelo, dile que en lo único que le he fallado, y lo que más siento, es no poder verle antes de abandonar este mundo su graduación, pero anúnciale que siempre estaré a su lado, y que jamás dejé de pensar en él, fueron sus últimas palabras-

Unos días después, fui a esperar a mi madre. La estación de Atocha estaba repleta de personas y maletas, me era difícil divisar a la persona que esperaba, pero de improviso, una arrugada mano me asió de la manga y tirando levemente me dijo.

 -¿Marcelo, ya no me recuerdas?, soy tu madre-

Bajé los ojos y descubrí a una mujer demacrada y mucho más envejecida de lo que me imaginaba, con una maleta de cartón por todo equipaje, se puso frente a mí y me miró directamente a los ojos, no me cabía la menor duda, eran los ojos de mi madre, la que me cuidaron cuando era niño, eran los que ahora me miraban directamente, con una ternura que jamás he encontrado.

Preso de la emoción, y sin poder articular palabra, me abracé a ella y sentí el calor que durante tantos años había añorado. 

Salimos de la estación y nos fuimos directos a la pensión donde yo residía. Allí ya no pude contenerme más, y le pedí a mi madre que me explicase cómo había fallecido mi padre, ella, sentada en una silla, serena y con la mirada puesta en mí me dijo.

-Hijo, puedes estar tranquilo, no sabemos si habrá Cielo o no, pero allá donde esté, puedes estar orgulloso de tu padre. 

Jamás dejó de trabajar de Gañan, se partió el alma con tal de que su querido hijo pudiese seguir estudiando, no le importaban los crudos inviernos, ni los agobiantes calores de agosto, el seguía acérrimo a sus ideas, no quería que su hijo tuviese el mismo destino que para el habían forjado. 

No quiso hacer caso cuando ya, muy enfermo y trastabillando se preparaba para ir al campo, le decía, debes descansar, no puedes matarte a trabajar así, pero siempre tenía la misma contestación. 

Todo lo que haga ahora, será bien para el chico, y eso es lo único que me importa y deseo. 

Así acabaron sus días, con la esperanza puesta en ti, y en tu futuro, jamás pensó en el, ni en su delicada salud, todo lo hizo por tu bien, y para que nunca te sintieses defraudado

Mi padre dio su vida por mí, un simple gañan de la tierra consiguió lo que muchos con más recursos no han sido capaces, que su hijo pudiese ser lo que ahora soy, un abogado de cierto renombre en la capital de España, y todo eso fue a costa de su sudor, privaciones y matarse a trabajar en el campo.

-Espero, -concluyó Marcelo- que comprenda amigo Isidro que haya sido mi respuesta tan acalorada a su intención de insultarme, pero no era a mí a quien ofendía, si no a quien hizo la labor de que yo pudiese caminar por esta acera y chocar fortuitamente con usted-

Se levantaron del asiento, Isidro le tendió la mano y la estrechó, no supo o no quiso decir nada, pero al darse la vuelta para retomar su camino, una pequeña lágrima afloró en sus ojos, pensó en la harina tantas veces utilizada en su trabajo, sin saber que, detrás de cada uno de esos sacos había una historia de trabajo y sacrificio, y quizá nunca seria ni contada, ni recordada.

Este pequeño homenaje va destinado a esos humildes labriegos llamados Gañanes, que hoy en día a quien se lo dicen, lo toman como síntoma de desprecio y peyorativo.

Cualquiera que escuche que se les alude como “Gañanes” no se crean menospreciados.

Nada más lejos de la realidad, ya que fueron una raza de hombres y mujeres que dieron todo por la tierra, sin la cual, nadie sobreviviría.


Autor: Pepe Marín de la Rubia


 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 11 de febrero de 2012

¿SAN VALENTÍN O CUPIDO?




De todos en notorio y sabido que el día 14 de Febrero es San Valentín, que mire usted por donde, le quitó el puesto a Cupido y se erigió por obra y gracia de la muy leal y Santa Iglesia Católica en estandarte de la cursileria y mojigatería unidas en un solo verbo.

No podían soportar que el insigne Querubín de rizos de oro, medio desnudo y armado de arco y flechas, fuese el mentor de todos los enamorados, y prestos al quite, nos “endilgaron” al famosisimo San Valentín, con su larga y canosa barba, ataviado con túnica -como merecía la ocasión- para decirnos que este si, este si es el verdadero Patrono de los enamorados.

Hay quien dice que hubo contubernio aquí en España, se rumoreaba que tras largas y afanosas charlas, Galerías Preciados, en el año del Señor de 1959, presidido por su fundador Pepín Fernández, fue quien financio la operación haciendo de sponsor de la famosa película El día de los enamorados, protagonizada por Concha Velasco y Toni Leblanc, e introduciendo una tradición anglosajona en nuestras españolizadas vidas, adivinamos todos -de rumor o verdad se trate- que sabían muy bien lo que se hacían, a la larga les reportaría pingües beneficios, como se ha demostrado a lo largo de muchos años.

Si alguien es remiso en entender lo que expongo, someramente, y a modo de “culturilla” les diré que: La tradición e historia cuenta que Grecia, en tiempos anteriores a la era Cristiana, ya tenían como Dios del Amor a Eros, y que en su versión Romana trascendió al aludido Cupido.

Y como tantas historias, leyendas o mitologías, fueron paulatinamente adoptadas por la Iglesia Católica y adaptadas a sus intereses, aunque en 1969 intentaron quitarlo por razones un tanto oscuras en torno al venerado Santo, ya que muchos fueron los que alzaron voces en contra de su hipotética castidad, y en algunos casos, hasta de si realmente existió.

Para no tener que litigar, y de paso someter a sus mas leales acólitos a estos días “especiales” en la cultura del pueblo, lo dejaron pasar y bendecirlo, con el unánime aplauso de grandes almacenes y algún que otro joyero.

Dicho lo expuesto, y sin ánimo de exaltar a ningún creyente, me parece bien que se celebre un día de los enamorados, pero soy de la opinión de que, (al menos yo, e imagino que somos legión) no necesitan de ningún día concreto en el calendario para demostrar a la persona que se ama, que tiene que llegar un "día especial” para demostrárselo.


La vida en pareja es algo mas que un "día especial”, eso solo se consigue con el día a día, los que así pensamos lo sabemos perfectamente, que días de los enamorados, lo pueden ser todos los días del año.

Pero como lo cortés no quita lo valiente, y cuando mi menguado bolsillo tiene a bien encontrar unas cuantas monedas de curso legal, pasarme por la floristería y comprar un fresco y radiante ramo de rosas, con el fin de ofrecérselo a la persona que camina a mi lado.

Con este gesto no intento hacerle creer que solo y exclusivamente es un día especial para los dos, que cualquier día en que pueda recrearme mirando en el fondo de sus ojos, me demuestran que todo el cariño que vierte hacia mi, -que ni se puede medir, ni se puede pesar-, tienen la virtud de hacerme entender que no es necesario que le exprese con palabras melifluas el amor que siento por ella y ella siente por mi.

Y llegado a este punto recapacito y pienso, no solo se merece un ramo de rosas efímeras, sino todo el cariño que pueda darle mientras Dios quiera que podamos estar juntos, espero y deseo sean muchos años.

Ahora, y en cualquier día del año, y por si no fuese de conocimiento general, expongo aquí públicamente que: Amo a esta persona por encima de cualquier cosa, y que no dudaría en dar mi vida para que ella se sintiese bien.

Dedicado a mi esposa, amiga y compañera de mil y una batallas.

lunes, 6 de febrero de 2012

DE LOS ANTIGUOS CARNAVALES







Los carnavales que yo recuerdo del pueblo solo son vagos, ya que me fui del pueblo allá por 1967 a hacer mis “particulares Américas” por nuestra ajada piel de Toro. Pero siempre puedo echar mano de algún familiar, en este caso ha sido mi hermano Rafael el que ha arrimado a mi ignorante memoria algo que él si ha vivido (y disfrutado)  parece ser que, ni son lo que eran, ni lo serán. Algunos dirán que para bien, otros que para mal, pero la ironía, el desparpajo y sobre todo la imaginación desbordante que había, dada la censura que se ejercía en la sociedad de esos años, que veían como un ataque directo a las buenas y sanas costumbres cristianas (?) echaban mano del ingenio para ridiculizar a todo lo que se pusiera de por medio, y de paso, hacer de esos días una fiesta continua.

De estos menesteres me hablaba mi hermano, y yo tomando buena nota para dejar constancia de lo acontecido en ese periodo, que lucia antes de que llegase “Doña Cuaresma”, con su cara avinagrada y sus recetas de como ir al Averno si no cumplías con lo dictado. Supongo que ahora eso no ocurre, y por una parte está bien que nos quitásemos las cadenas mentales que nos hacían ablandar las meninges, por otra lo expuesto anteriormente, la ironía y el desparpajo se han ido perdiendo, aunque valga lo uno por lo otro.

Tal y como me lo ha contado mi hermano, así lo expreso y dejo constancia.

Voy a recopilar lo que me acuerdo de los famosos y divertidos carnavales de Santa Cruz de Mudela. Allá por los años 60 al 65 aproximadamente, -yo tenia entre 15 y 20 años-, los carnavales eran sensacionales, la gente se divertía, se lo pasaba de maravilla, no había maldad, pero si un poco de picardia a la antigua usanza. Recuerdo que se celebraban haciendo un recorrido por las calles: San Sebastián, Ramirez Lasala, Cruz de Piedra, Juan Domingo para regresar de nuevo a San Sebastián, a lo largo del recorrido había infinidad de tascas, en la mayoría de los casos de locales como zapaterias, tiendecitas e incluso particulares, como las entradas o portales que los acondicionaban para tal fin, allí degustábamos los vinos, el Vermouth, el Anís o lo que buenamente se podía, acompañado de los “cheches” y las famosas aceitunas “luneras”, y aunque todo era a granel (ahora llamado garrafón) típico de la tierra y sano, se cogían unas cogorzas de aúpa. Eso si, a las dos horas ya estabas como nuevo y a seguir bebiendo.

Luego estaban los famosos bailes que se montaban, unos que ya existían para bodas, como el famoso salón de Coronado, el de los Piñas, este en la calle Cruz de Piedra, y el no menos famoso Salón de Recreo, llamado vulgarmente “el Casino de los ricos”, le seguían en orden de categoría el Hogar del Productor en la calle Ramiro con su peculiar sobrenombre de “el Casino de los pobres”, y ya puestos a poner nombre a todo, después estaba la nave de los Pescaderos, situada en la calle San Marcos esquina a Inmaculada.

Todos ellos, sin excepción, los acondicionaban para los famosos bailes del carnaval, con unas orquestas tocando y cantando en directo, (no existía el Play back) que hacían las delicias de todo el que nos acercábamos a bailar, de entre ellas la que mas recuerdo que iba al casino era la orquesta Iberia. Que juergas y jaranas nos montábamos hasta las 5 o las 6 de la madrugada, como volaban las gambas, cigalas, las botellas de vino, cerveza y para rematar los “cubalibres” y si se podía, también rodaban las botellas de Champaña.

Como anécdota comentaré que, estaba permitido -según la dictadura que padecíamos-, el disfrazarse de mascara pero, ¡¡sin taparse la cara!!, días anteriores al carnaval y pregonado por orden de la autoridad, o sea, el Alcalde, bajo penas algo insulsas y de ninguna manera aceptadas.

Lo bueno y gracioso del caso es que la primera persona que se disfrazaba y salia a la calle y con la cara tapada ¿quien era? ¡¡la mujer del alcalde!! y a partir de ahí y por si había alguien que era remiso, el desmadre era total, pero todo con muy buena armonía.

En esos días se aprovechaba la picaresca para acercarse a alguien que te gustase y poder estar a su lado sin que nadie te señalase con el dedo, ya que, tanto tu familia, como de la persona en que te fijases, solía terminar con una reprimenda por parte de los familiares afectos, y así, -aunque efimeramente-, podías estar un rato agradable sin levantar sospechas.
Como recapitulación comentaré que, llegado el día del entierro de la Sardina, no tengo por menos que recordar a los famosos “Chuletas”. Era digno de ver como preparaban y desarrollaban desde las tejeras y Alfarerías el entierro del pescado en cuestión.

Al rededor de las 5 de la tarde salia la procesión, todo ello en el mas estricto duelo, largos velos negros, el ataúd pequeño pero coqueto con su “pescaito” dentro, y no sé si por verdadero luto, o por el vino ingerido anteriormente, llorando amargamente todos los concurrentes, solía terminar el itinerario en la plaza del pueblo, y mas concretamente en el Bar de Los Botas, en el cual ya se habían congregado bastantes de los afectados por tan luctuoso hecho, y entre los cuales se encontraban entre otros, Sabanillas, Tomasín y algunos mas que no recuerdo, que habían ya abandonado sus organillos tirados por un burro, con los que recorrían las calles del pueblo amenizando con sus chotis y pasodobles esos días festivos, y ahogando sus penas, (aunque nunca lo consiguieron) en un mar de lagrimas y vino esos días festivos que daban a su fin.

Recuerdos inolvidables de esos años carnavalescos que, aunque se sigan celebrando, no se hacían con tanta malicia, y sobre todo, sin sustancias que alterasen nuestros organismos, ya que para divertirnos, teníamos el vino de nuestra tierra y las ganas inmensas de pasarlo bien, reírnos, hacer reír a los demás, y sin malos rollos.



© Pepe Marín




martes, 24 de enero de 2012

DE LOS "BAÑOS" AL BALNEARIO




Hubo un tiempo en que la palabra Balneario no existía en nuestro diccionario de Santa Cruz, o al menos en el que usábamos en el pueblo, ya que nosotros como vulgarmente lo conocíamos era, “Los baños”. Allí solíamos ir la juventud, a retozar y remojar nuestros jóvenes esqueletos en unas aguas color cobre, que por mas que nos dijesen que tenían unas propiedades fantásticas, a nosotros se nos antojaban lo mas parecido a barro, y como de vulgares cochinos se tratase, nos revolcábamos en lo que nos parecían unas aguas inmundas, sin saber que estábamos utilizando algo que en años posteriores seria el reclamo y la panacea de nuestro querido pueblo.
Lo que si teníamos como algo inusual y al mismo tiempo nos parecía milagroso, era el agua que de los pozos allí existentes manaba, y que todos le llamábamos, -incluso hoy día así la llaman- agua agria.
Este agua tiene la singularidad de parecerse a una “gaseosa” ya que cuando salia del pozo burbujeaba, -poco sabíamos de las propiedades terapéuticas que de allí emanaban- y como sin quererlo, lo bebíamos con deleitada fruición, sin saber que de la fuente de San Camilo, con sus aguas Carbogaseosas, años mas tarde seria una fuente de ingresos considerables.
No todos acudían en verano a esparcirse y remojar sus partes pudendas, ya que había un largo trecho que cubrir desde el pueblo, o bien andando, o como lo hacíamos nuestra pandilla, en bicicleta, no había tal cantidad de coches ni transportes urbanos como ahora los hay, que nos acercasen al citado lugar.
Allí comenzó mi particular viacrucis dentro del liquido elemento, ya que nunca fui un experto en estas lides acuosas, y como nunca faltaba el consabido gracioso de turno, fue donde inauguré en mi memoria, las famosas “aguadillas”, como nunca he sido de constitución atlética, -ni creo que nunca llegue dada mi edad- quedó grabado en mi disco duro de la memoria algo que siempre lo he arrastrado, el miedo al agua, -entiéndase este miedo a grandes superficies- ya que a la ducha o bañera, y mas teniendo al lado un martillo, por aquello de remediar lo imposible, en eso me defiendo bien.
Recuerdo vagamente las visitas al caserón de la antigua casa de los Baños, con unas bañeras desportilladas y todo en ruina a su alrededor, por este motivo mi gran y agradable sorpresa fue cuando, -hace ya unos años- pude ver como había cambiado el panorama de esas ruinas de instalaciones en un complejo Hotelero y Balneario que harían palidecer de envidia a muchos de los que pregonan por ahí sus lujosas instalaciones.
Y por por este mismo motivo, quiero dejar constancia que, bastantes cosas buenas y bellas tenemos en Santa Cruz de Mudela, pero si tenemos que destacar alguna, al margen de Las Virtudes con su plaza de toros cuadrada y la mas antigua de España, seria la del Balneario Cervantes, que con sus instalaciones y su buen hacer, han echo algo mas que una simple visita a un abrevadero de animales como muchos creen, hoy es de reconocido prestigio en todo el mundo, y está en un lugar de la Mancha de cuyo nombre si me acuerdo.
Balneario Cervantes de Santa Cruz de Mudela.