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domingo, 11 de agosto de 2013
LOS SEGADORES
domingo, 7 de abril de 2013
DE CUANDO FUI BOTONES EN EL CASINO
jueves, 14 de febrero de 2013
DE NUEVO BROTÓ EN MI LAPRIMAVERA
lunes, 11 de febrero de 2013
RECUERDOS DE MIS COLEGIOS
sábado, 9 de febrero de 2013
RECORDANDO LA CALLE “REAL”
Me imagino que en casi todas partes había un lugar semejante, pero creo que como nuestra calle real, ¡ni hablar!
Cuantos recuerdos nos trae a la memoria este singular paseo, que se hacía, principalmente, desde la esquina de “Mejía” hasta la esquina del Ayuntamiento. Como nosotros decíamos, sacando agua de la noria, paseo arriba y abajo, una y otra vez, sin cansarnos.
Charlábamos los amigos, repasábamos lo acontecido en la semana, ya que el paseo se hacía los Domingos, y hacíamos propuestas para los días siguientes, se comentaban una y mil cosas y así se pasaba la tarde-noche. Cuando nos cansábamos era obligado el paso a algunos de los bares que en el trayecto había, El Botas, La Campana.....y quizá algún otro que no recuerdo, donde, como solíamos decir, repostábamos con algún que otro “chato” de vino”, pues era lo que se llevaba entonces, no obstante ya se empezaba a tomar más asiduamente cerveza y la famosa “persi cola”, que decían algunos, y algún que otro “cuba libre”, supongo que en honor a la liberación de Cuba por Fidel Castro.
También era frecuente pasar a la confitería de Atanasio Arenas, donde podías degustar los deliciosos pasteles que hacían, regados con alguna que otra “copilla” de anís, coñac o menta.
Cuando se hacía tarde, nos aprovisionábamos de los clásicos frutos secos, pipas, cacahuetes, “garbanzos torraos” y otros, en los puestos que estaban al efecto (la Sra. Segunda y algún que otro más), para acto seguido marchar al cine de Antonio Laguna, que en un principio estaba más abajo del Casino o Círculo del Recreo. Llegábamos con nuestra entrada que controlaba el portero, un poco serio, pero eficaz y cumplidor de su misión, Eladio Quero (creo que era artesano navajero). Que cantidad de “pelis” nos habremos visto en aquella vetusta sala de cine que posteriormente se trasladó al que hicieron nuevo al final de la calle San Sebastián, y también al de Ladislao (el patito, con perdón) al principio de la calle real, tanto el de invierno como el de verano.
Pero había otra razón, y quizás la más poderosa, para acudir a este paseo dominical, y de otras fiestas, y era ¡¡ como no! ! el echar el “ojo” a las chicas que por allí paseaban formando pequeños grupos al igual que los chicos. Cuantas relaciones no habrán salido de los paseos por esta calle. Allí se “echaban” los primeros piropos, se hacían conjeturas tales como: “esa me gusta, pues aquella otra no te la pierdas de vista, ¡¡anda pues si esta que viene por aquí es la hermana de fulano de tal !!, y una vez hecha la pre-selección nos tirábamos al ruedo, unas veces con más suerte que otra, hasta que por fin caíamos en las redes del amor, asaetados por el Cupido de turno.
Es de suponer, -como a mi me pasó-, que mas de uno de nosotros/as encontró en el paseo su media naranja, o al menos lo intentó, pues como no existían todavía las “Discotecas” u otros recintos apropiados para estos menesteres, echábamos mano a lo clásico, “ojeo, ánimo y.........al abordaje, aunque en muchas ocasiones había que echar más de una vez las redes, pues no siempre el “merluzo” era del agrado de la “pescaora”, pues en definitiva era quien tenía siempre la última palabra (yo creo que casi como ahora).
Mi caso, como antes he apuntado, en esta Real calle me enamoré, y el día de nuestra boda la paseamos andando hasta el salón de “Coronado”, que era donde se celebraban las bodas, así que los recuerdos que de ella tengo son más que gratos.
Aunque no se puede decir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, bien es cierto que “recordar es volver a vivir” y aún estando agradecido a los tiempos que vivimos, queda un regusto de todas esas vivencias que no hay pócima milagrosa que los haga desvanecer por mucho tiempo que pase. También es verdad que los años de adolescencia y primera juventud se suelen vivir con intensidad en cualquier época y, salvo excepciones, todo lo que se recuerda de ellos es bueno.
Un abrazo para todos.
Manolo Marín
viernes, 4 de enero de 2013
NAVIDAD Y REYES
domingo, 28 de octubre de 2012
Día de los Santos difuntos
sábado, 24 de marzo de 2012
GAÑANES
GAÑANES
Un señor con traje y
corbata a la antigua usanza que iba paseando tranquilamente por la Gran Vía de
Madrid tuvo el mal acierto de tropezar con una silla de una de las muchas
terrazas que por allí proliferan, con tan mala fortuna, que fue a darse de
bruces con otro viandante sin poder evitarlo, intentó balbucear una disculpa
dentro de su acaloramiento, y se encontró con una respuesta, que lejos de ser
hostil, pretendía ser grosera, maleducada y en tono despreciativo le espetó, ¡¡
Gañan !!, parece que acabas de salir del pueblo.
Ante tamaña injusticia, y
recomponiéndose como mejor pudo su atuendo se encaró con el que a su modo de
ver le estaba increpando despreciativamente y le dijo después de disculparse
educadamente.
-Mire usted señor, aquí donde
me ve, tiene ante usted un abogado de cierto renombre, -aunque no venga al caso
aludir donde trabajo- que gracias a ese pretendido insulto que ha dirigido
usted hacia mí en tono peyorativo, quisiera aclararle ciertas cosas, ya que
puedo observar que sus entendederas dejan bastante que desear al intentar
insultar sin saber a lo que alude-
-Cierto es que no soy Gañan,
pero sí le puedo decir que provengo de esa ilustre rama de trabajadores a los
que todos denostaban e insultaban tiempos atrás, aunque no tan lejanos en el
tiempo como para que una persona con un mínimo de sensatez y cultura no sepa de
donde proviene-
-Mire señor, si tiene a bien
sentarse en este banco, y si no le molesta y tiene el suficiente tiempo para lo
que le voy a decir, me gustaría aclarárselo, todo ello sin intención de que
crea que le estoy intentando confundir. Extrañado, -y a la vez confuso e
intrigado-, accedió a sentarse con el ánimo de escuchar a aquel desconocido, ya
que -a su pesar- era una de las pocas veces que podía conversar con una persona
en un lugar tan poblado y a la misma vez tan desierto-
Una vez tomado asiento -y
gracias al Sol de Primavera- hacia mas reconfortante la decisión que había
tomado. Educadamente -al igual que anteriormente- el señor del tropezón saco de
uno de sus bolsillos un paquete de cigarrillos rubios e invitó a coger uno a su
accidental contrincante dialéctico, este lo admitió, casualmente tenían
el mismo defecto, -o la misma virtud- de fumar la misma marca que le ofrecía,
encendieron sendos cigarrillos, y después de exhalar unas buenas bocanadas cada
uno, pareció que la tensión iba disminuyendo al igual que se consumía el humo
de los cigarrillos.
Rompiendo el silencio el abogado dijo.
-En primer lugar quisiera presentarme, mi nombre es Marcelo vivo en Madrid desde haces tantos años que ya no lo recuerdo, y mis orígenes son Manchegos-
El interpelado le miró y tras unas décimas de indecisión, le alargo la mano para estrechársela al mismo tiempo que le contestaba.
-El mio es Isidro, panadero de profesión y soy natural del mismo Madrid-
Y a continuación le espetó, -
¿por qué se ha sentido tan ofendido con mi respuesta después de
haber tropezado conmigo?-
-Verá -dijo Marcelo- si le
sirve de consuelo, no me he sentido ofendido por el exabrupto que me ha
dirigido a mí, sino porque ha ofendido, -posiblemente sin proponérselo- a mi
familia, y a un colectivo que merecen toda mi admiración, quisiera explicarle
el porqué de esta cuestión-
Acomodándose un poco más en
el banco y volviendo a encender un nuevo cigarrillo miró hacia el Cielo azul y
se dispuso a narrarle lo que aún -después de tantos años- jamás podría olvidar.
-Isidro, como ya le he
adelantado, nací en un pueblecito de la Mancha, y en una familia en la que
todos sus miembros estaban dedicados a las labores del campo, obvio es decir
que cuando tuve la mínima fuerza en mi pubertad, yo también asumí las mismas
tareas que los demás familiares desarrollaban-
-Nuestra jornada comenzaba a
las 5 de la mañana, antes de que despuntase el alba, en primer lugar -y después
de asearnos- entrabamos en las cuadras y preparábamos los animales con sus
arreos correspondientes, pasábamos por la cocina y agarrando algún mendrugo de
pan sobrante de la frugal cena anterior, nos poníamos en camino del campo, en
el cual asumíamos la responsabilidad de hacer que la tierra diese sus frutos-
-Mi padre agarrado al ronzal
de su mula, siempre caminaba a mi lado por los terrosos caminos, siempre lo
recuerdo con la cabeza alta y el andar pausado, presto en todo momento a
indicarme si anunciaba el día algún cambio en el clima, nunca supe como lo
hacía, pero casi siempre acertaba en sus vaticinios meteorológicos-
-Teníamos un largo trecho que caminar hasta lo que llamábamos “el tajo”, que es donde el anterior día habíamos dejado la faena, para retomarla de nuevo, y en ese camino mi padre siempre me decía el mismo discurso.
-Mira Marcelo, este no es el futuro que
deseo para ti, en cuanto tengas un año más tengo pensado enviarte a un buen
colegio de Madrid, quiero que tu no seas como nosotros, que no tengas que
depender de las inclemencias del tiempo, y sobre todo, de los que no labran la
tierra, pero que nos obligan a que agachemos la cabeza para sacar un jornal con
el cual podamos malvivir y ellos saquen unos grandes beneficios a costa de
nuestro esfuerzo-
Bien que cumplió mi querido y añorado padre, al siguiente año me matricularon en un renombrado colegio de Madrid, allí comencé mis estudios.
Nunca me faltó nada para que pudiese seguir
cursando. Mi madre me escribía frecuentemente y me animaba a seguir estudiando
duro para que fuese algún día, -como ella decía- “un hombre de provecho”,
aguanté burlas y escarnios, y en vez de venirme abajo, me hacían más fuerte
cada día y estudiaba con más ahínco si cabe, y por fin llego el día soñado,
dentro de un mes -le anuncié a mi madre por carta- es mi graduación en
Abogacía, espero que asistáis a la graduación, nada me haría más feliz que
estuvieseis a mi lado, ya que todo se lo debo a mi querido padre, y a ti, por
esforzaros para que no decayese en los momentos más difíciles.
La respuesta a mi carta fue demoledora, mi madre me decía.
-Querido hijo, nunca estarás solo, asistiré a tu
graduación aunque sea lo último que haga en esta vida, pero por desgracia, tu
padre no podrá asistir. Para no turbar tu concentración no quise decirte nada,
pero hace una semana que tu padre reposa para siempre en el cementerio del
pueblo, estaba muy mal cuando me enviaste tu última carta, pero el ya sabes
cómo era, no quiso que te dijese nada para no desconcentrarte, eso sí, me dijo
con lágrimas en los ojos, dale un beso muy fuerte de mi parte a Marcelo, dile
que en lo único que le he fallado, y lo que más siento, es no poder verle antes
de abandonar este mundo su graduación, pero anúnciale que siempre estaré a su
lado, y que jamás dejé de pensar en él, fueron sus últimas palabras-
Unos días después, fui a esperar a mi madre. La estación de Atocha estaba repleta de personas y maletas, me era difícil divisar a la persona que esperaba, pero de improviso, una arrugada mano me asió de la manga y tirando levemente me dijo.
-¿Marcelo, ya no me recuerdas?, soy tu madre-
Bajé los ojos y descubrí a una mujer demacrada y
mucho más envejecida de lo que me imaginaba, con una maleta de cartón por todo
equipaje, se puso frente a mí y me miró directamente a los ojos, no me cabía la
menor duda, eran los ojos de mi madre, la que me cuidaron cuando era niño, eran
los que ahora me miraban directamente, con una ternura que jamás he encontrado.
Preso de la emoción, y sin poder articular palabra, me abracé a ella y sentí el calor que durante tantos años había añorado.
Salimos de la estación y nos fuimos directos a la pensión
donde yo residía. Allí ya no pude contenerme más, y le pedí a mi madre que me
explicase cómo había fallecido mi padre, ella, sentada en una silla, serena y
con la mirada puesta en mí me dijo.
-Hijo, puedes estar tranquilo, no sabemos si habrá Cielo o no, pero allá donde esté, puedes estar orgulloso de tu padre.
Jamás dejó de trabajar de Gañan, se partió el alma con tal de que su querido hijo pudiese seguir estudiando, no le importaban los crudos inviernos, ni los agobiantes calores de agosto, el seguía acérrimo a sus ideas, no quería que su hijo tuviese el mismo destino que para el habían forjado.
No quiso hacer caso cuando ya, muy enfermo y trastabillando se preparaba para ir al campo, le decía, debes descansar, no puedes matarte a trabajar así, pero siempre tenía la misma contestación.
Todo lo que haga ahora, será bien para el chico, y eso es lo único que me importa y deseo.
Así acabaron
sus días, con la esperanza puesta en ti, y en tu futuro, jamás pensó en el, ni
en su delicada salud, todo lo hizo por tu bien, y para que nunca te sintieses
defraudado
Mi padre dio su vida por mí,
un simple gañan de la tierra consiguió lo que muchos con más recursos no han
sido capaces, que su hijo pudiese ser lo que ahora soy, un abogado de cierto
renombre en la capital de España, y todo eso fue a costa de su sudor,
privaciones y matarse a trabajar en el campo.
-Espero, -concluyó Marcelo-
que comprenda amigo Isidro que haya sido mi respuesta tan acalorada a su
intención de insultarme, pero no era a mí a quien ofendía, si no a quien hizo
la labor de que yo pudiese caminar por esta acera y chocar fortuitamente con
usted-
Se levantaron del asiento,
Isidro le tendió la mano y la estrechó, no supo o no quiso decir nada, pero al
darse la vuelta para retomar su camino, una pequeña lágrima afloró en sus ojos,
pensó en la harina tantas veces utilizada en su trabajo, sin saber que, detrás
de cada uno de esos sacos había una historia de trabajo y sacrificio, y quizá
nunca seria ni contada, ni recordada.
Este pequeño homenaje va
destinado a esos humildes labriegos llamados Gañanes, que hoy en día a quien se
lo dicen, lo toman como síntoma de desprecio y peyorativo.
Cualquiera que escuche que
se les alude como “Gañanes” no se crean menospreciados.
Nada más lejos de la
realidad, ya que fueron una raza de hombres y mujeres que dieron todo por la
tierra, sin la cual, nadie sobreviviría.
Autor: Pepe Marín de la Rubia
sábado, 11 de febrero de 2012
¿SAN VALENTÍN O CUPIDO?
No podían soportar que el insigne Querubín de rizos de oro, medio desnudo y armado de arco y flechas, fuese el mentor de todos los enamorados, y prestos al quite, nos “endilgaron” al famosisimo San Valentín, con su larga y canosa barba, ataviado con túnica -como merecía la ocasión- para decirnos que este si, este si es el verdadero Patrono de los enamorados.
Hay quien dice que hubo contubernio aquí en España, se rumoreaba que tras largas y afanosas charlas, Galerías Preciados, en el año del Señor de 1959, presidido por su fundador Pepín Fernández, fue quien financio la operación haciendo de sponsor de la famosa película El día de los enamorados, protagonizada por Concha Velasco y Toni Leblanc, e introduciendo una tradición anglosajona en nuestras españolizadas vidas, adivinamos todos -de rumor o verdad se trate- que sabían muy bien lo que se hacían, a la larga les reportaría pingües beneficios, como se ha demostrado a lo largo de muchos años.
Y como tantas historias, leyendas o mitologías, fueron paulatinamente adoptadas por la Iglesia Católica y adaptadas a sus intereses, aunque en 1969 intentaron quitarlo por razones un tanto oscuras en torno al venerado Santo, ya que muchos fueron los que alzaron voces en contra de su hipotética castidad, y en algunos casos, hasta de si realmente existió.
Para no tener que litigar, y de paso someter a sus mas leales acólitos a estos días “especiales” en la cultura del pueblo, lo dejaron pasar y bendecirlo, con el unánime aplauso de grandes almacenes y algún que otro joyero.
lunes, 6 de febrero de 2012
DE LOS ANTIGUOS CARNAVALES
Luego estaban los famosos bailes que se montaban, unos que ya existían para bodas, como el famoso salón de Coronado, el de los Piñas, este en la calle Cruz de Piedra, y el no menos famoso Salón de Recreo, llamado vulgarmente “el Casino de los ricos”, le seguían en orden de categoría el Hogar del Productor en la calle Ramiro con su peculiar sobrenombre de “el Casino de los pobres”, y ya puestos a poner nombre a todo, después estaba la nave de los Pescaderos, situada en la calle San Marcos esquina a Inmaculada.





