sábado, 11 de febrero de 2012

¿SAN VALENTÍN O CUPIDO?




De todos en notorio y sabido que el día 14 de Febrero es San Valentín, que mire usted por donde, le quitó el puesto a Cupido y se erigió por obra y gracia de la muy leal y Santa Iglesia Católica en estandarte de la cursileria y mojigatería unidas en un solo verbo.

No podían soportar que el insigne Querubín de rizos de oro, medio desnudo y armado de arco y flechas, fuese el mentor de todos los enamorados, y prestos al quite, nos “endilgaron” al famosisimo San Valentín, con su larga y canosa barba, ataviado con túnica -como merecía la ocasión- para decirnos que este si, este si es el verdadero Patrono de los enamorados.

Hay quien dice que hubo contubernio aquí en España, se rumoreaba que tras largas y afanosas charlas, Galerías Preciados, en el año del Señor de 1959, presidido por su fundador Pepín Fernández, fue quien financio la operación haciendo de sponsor de la famosa película El día de los enamorados, protagonizada por Concha Velasco y Toni Leblanc, e introduciendo una tradición anglosajona en nuestras españolizadas vidas, adivinamos todos -de rumor o verdad se trate- que sabían muy bien lo que se hacían, a la larga les reportaría pingües beneficios, como se ha demostrado a lo largo de muchos años.

Si alguien es remiso en entender lo que expongo, someramente, y a modo de “culturilla” les diré que: La tradición e historia cuenta que Grecia, en tiempos anteriores a la era Cristiana, ya tenían como Dios del Amor a Eros, y que en su versión Romana trascendió al aludido Cupido.

Y como tantas historias, leyendas o mitologías, fueron paulatinamente adoptadas por la Iglesia Católica y adaptadas a sus intereses, aunque en 1969 intentaron quitarlo por razones un tanto oscuras en torno al venerado Santo, ya que muchos fueron los que alzaron voces en contra de su hipotética castidad, y en algunos casos, hasta de si realmente existió.

Para no tener que litigar, y de paso someter a sus mas leales acólitos a estos días “especiales” en la cultura del pueblo, lo dejaron pasar y bendecirlo, con el unánime aplauso de grandes almacenes y algún que otro joyero.

Dicho lo expuesto, y sin ánimo de exaltar a ningún creyente, me parece bien que se celebre un día de los enamorados, pero soy de la opinión de que, (al menos yo, e imagino que somos legión) no necesitan de ningún día concreto en el calendario para demostrar a la persona que se ama, que tiene que llegar un "día especial” para demostrárselo.


La vida en pareja es algo mas que un "día especial”, eso solo se consigue con el día a día, los que así pensamos lo sabemos perfectamente, que días de los enamorados, lo pueden ser todos los días del año.

Pero como lo cortés no quita lo valiente, y cuando mi menguado bolsillo tiene a bien encontrar unas cuantas monedas de curso legal, pasarme por la floristería y comprar un fresco y radiante ramo de rosas, con el fin de ofrecérselo a la persona que camina a mi lado.

Con este gesto no intento hacerle creer que solo y exclusivamente es un día especial para los dos, que cualquier día en que pueda recrearme mirando en el fondo de sus ojos, me demuestran que todo el cariño que vierte hacia mi, -que ni se puede medir, ni se puede pesar-, tienen la virtud de hacerme entender que no es necesario que le exprese con palabras melifluas el amor que siento por ella y ella siente por mi.

Y llegado a este punto recapacito y pienso, no solo se merece un ramo de rosas efímeras, sino todo el cariño que pueda darle mientras Dios quiera que podamos estar juntos, espero y deseo sean muchos años.

Ahora, y en cualquier día del año, y por si no fuese de conocimiento general, expongo aquí públicamente que: Amo a esta persona por encima de cualquier cosa, y que no dudaría en dar mi vida para que ella se sintiese bien.

Dedicado a mi esposa, amiga y compañera de mil y una batallas.

lunes, 6 de febrero de 2012

DE LOS ANTIGUOS CARNAVALES







Los carnavales que yo recuerdo del pueblo solo son vagos, ya que me fui del pueblo allá por 1967 a hacer mis “particulares Americas” por nuestra ajada piel de Toro. Pero siempre puedo echar mano de algún familiar, en este caso ha sido mi hermano Rafael el que ha arrimado a mi ignorante memoria algo que él si ha vivido (y disfrutado) , parece ser que, ni son lo que eran, ni lo serán. Algunos dirán que para bien, otros que para mal, pero la ironía, el desparpajo y sobre todo la imaginación desbordante que había, dada la censura que se ejercía en la sociedad de esos años, que veían como un ataque directo a las buenas y sanas costumbres cristianas (?) echaban mano del ingenio para ridiculizar a todo lo que se pusiera de por medio, y de paso, hacer de esos días una fiesta continua.

De estos menesteres me hablaba mi hermano, y yo tomando buena nota para dejar constancia de lo acontecido en ese periodo, que lucia antes de que llegase “Doña Cuaresma”, con su cara avinagrada y sus recetas de como ir al Averno si no cumplías con lo dictado. Supongo que ahora eso no ocurre, y por una parte está bien que nos quitásemos las cadenas mentales que nos hacían ablandar las meninges, por otra lo expuesto anteriormente, la ironía y el desparpajo se han ido perdiendo, aunque valga lo uno por lo otro.

Tal y como me lo ha contado mi hermano, así lo expreso y dejo constancia.

Voy a recopilar lo que me acuerdo de los famosos y divertidos carnavales de Santa Cruz de Mudela. Allá por los años 60 al 65 aproximadamente, -yo tenia entre 15 y 20 años-, los carnavales eran sensacionales, la gente se divertía, se lo pasaba de maravilla, no había maldad, pero si un poco de picardia a la antigua usanza. Recuerdo que se celebraban haciendo un recorrido por las calles: San Sebastián, Ramirez Lasala, Cruz de Piedra, Juan Domingo para regresar de nuevo a San Sebastián, a lo largo del recorrido había infinidad de tascas, en la mayoría de los casos de locales como zapaterias, tiendecitas e incluso particulares, como las entradas o portales que los acondicionaban para tal fin, allí degustábamos los vinos, el Vermouth, el Anís o lo que buenamente se podía, acompañado de los “cheches” y las famosas aceitunas “luneras”, y aunque todo era a granel (ahora llamado garrafón) típico de la tierra y sano, se cogían unas cogorzas de aúpa. Eso si, a las dos horas ya estabas como nuevo y a seguir bebiendo.

Luego estaban los famosos bailes que se montaban, unos que ya existían para bodas, como el famoso salón de Coronado, el de los Piñas, este en la calle Cruz de Piedra, y el no menos famoso Salón de Recreo, llamado vulgarmente “el Casino de los ricos”, le seguían en orden de categoría el Hogar del Productor en la calle Ramiro con su peculiar sobrenombre de “el Casino de los pobres”, y ya puestos a poner nombre a todo, después estaba la nave de los Pescaderos, situada en la calle San Marcos esquina a Inmaculada.

Todos ellos, sin excepción, los acondicionaban para los famosos bailes del carnaval, con unas orquestas tocando y cantando en directo, (no existía el Playback) que hacían las delicias de todo el que nos acercábamos a bailar, de entre ellas la que mas recuerdo que iba al casino era la orquesta Iberia. Que juergas y jaranas nos montábamos hasta las 5 o las 6 de la madrugada, como volaban las gambas, cigalas, las botellas de vino, cerveza y para rematar los “cubalibres” y si se podía, también rodaban las botellas de Champaña.

Como anécdota comentaré que, estaba permitido -según la dictadura que padecíamos-, el disfrazarse de mascara pero, ¡¡sin taparse la cara!!, días anteriores al carnaval y pregonado por orden de la autoridad, o sea, el Alcalde, bajo penas algo insulsas y de ninguna manera aceptadas.

Lo bueno y gracioso del caso es que la primera persona que se disfrazaba y salia a la calle y con la cara tapada ¿quien era? ¡¡la mujer del alcalde!! y a partir de ahí y por si había alguien que era remiso, el desmadre era total, pero todo con muy buena armonía.

En esos días se aprovechaba la picaresca para acercarse a alguien que te gustase y poder estar a su lado sin que nadie te señalase con el dedo, ya que, tanto tu familia, como de la persona en que te fijases, solía terminar con una reprimenda por parte de los familiares afectos, y así, -aunque efimeramente-, podías estar un rato agradable sin levantar sospechas.
Como recapitulación comentaré que, llegado el día del entierro de la Sardina, no tengo por menos que recordar a los famosos “Chuletas”. Era digno de ver como preparaban y desarrollaban desde las tejeras y Alfarerías el entierro del pescado en cuestión.

Al rededor de las 5 de la tarde salia la procesión, todo ello en el mas estricto duelo, largos velos negros, el ataúd pequeño pero coqueto con su “pescaito” dentro, y no sé si por verdadero luto, o por el vino ingerido anteriormente, llorando amargamente todos los concurrentes, solía terminar el itinerario en la plaza del pueblo, y mas concretamente en el Bar de Los Botas, en el cual ya se habían congregado bastantes de los afectados por tan luctuoso hecho, y entre los cuales se encontraban entre otros, Sabanillas, Tomasín y algunos mas que no recuerdo, que habían ya abandonado sus organillos tirados por un burro, con los que recorrían las calles del pueblo amenizando con sus chotis y pasodobles esos días festivos, y ahogando sus penas, (aunque nunca lo consiguieron) en un mar de lagrimas y vino esos días festivos que daban a su fin.

Recuerdos inolvidables de esos años carnavalescos que, aunque se sigan celebrando, no se hacían con tanta malicia, y sobre todo, sin sustancias que alterasen nuestros organismos, ya que para divertirnos, teníamos el vino de nuestra tierra y las ganas inmensas de pasarlo bien, reírnos, hacer reír a los demás, y sin malos rollos.