miércoles, 15 de febrero de 2017

SANTA CRUZ DE MUDELA EN INTERNET




SANTA CRUZ DE MUDELA EN INTERNET







Hola a todos, sé qué hace tiempo no pongo nada en mi blog, causas que no vienen al caso comentar me han tenido un tanto distraído hasta ahora, pero he aquí que hace poco… mejor os lo cuento y ya me diréis si  os gusta o no.

He estado repasando en mis archivos antiguos escritos, poemas, artículos, anécdotas y un sin fin de cosas que fuimos atesorando durante años en nuestra querida página de Santa Cruz de Mudela en Internet, y no he podido reprimir que resbalasen por mis mejillas unas lágrimas de amor y nostalgia.
De amor por todo lo que hicimos, y de nostalgia por los que, sus palabras ahora en papel, ya no están con nosotros y que tan gran legado nos dejaron con su saber, su verbo y su pluma.

Durante bastante tiempo estuvimos intercambiando opiniones y como veíamos que la cosa funcionaba, nos dio por poner cosas distintas como decía al principio. Lamentablemente -como ocurre con tantas cosas-  llegó a su fin, algunos lo dejaron porque se cansaron o aburrieron de tanta intromisión, de personas que solo buscaban notoriedad escribiendo en una página que solo se había abierto para dar a conocer el pueblo a través de Internet y para unir lazos entre paisanos, tanto de los que aún seguían en el pueblo como los que tuvimos que emigrar, “Los de la diáspora” como le gustaba llamar así por su fundador Ángel A. Quero Marín.

Se consiguió lo más elemental que perseguíamos, reencontrar viejas amistades, unirnos en un mismo empeño, que era poner el nombre de Santa Cruz de Mudela en la Red,  y a la vez rememorar viejos tiempos, pero tuvo un final triste, ya que los que solo queríamos hablar del pueblo, de sus gentes, de sus memorias y de que no se perdiesen en el olvido tantas vivencias, por desgracia no conseguimos que siguiese el curso trazado.

Fueron unos tiempos preciosos, pero a  medida de que se iban uniendo personas, nos vimos desbordados por la cantidad de insultos, rencillas y amenazas -más o menos veladas- que fueron dejando en la página que no tuvimos otra opción que retirarnos, no por cobardía, sino porque no era eso lo que pretendíamos.

Una parte de los más allegados y con la idea primigenia nos retiramos a una página creada por mí, conseguimos seguir manteniendo por encima de todo la amistad y el paisanaje que nos unía.
Hoy,  esa  gran amistad sigue vigente,  y el respeto que nos tenemos es la que nos ha hecho mejores personas y, que pese a la distancia, las diferencias que pudiese haber entre religiones, políticas o de cualquier otra índole, aprendimos que el verdadero valor está en las personas y no en las cosas baladíes que la vida nos depara.

Si digo que no echo de menos esos días, estaría mintiendo, pero la vida es como es y hay que asumirla y aceptarla a pesar de todo.

No habrá nadie que esté dispuesto a decir que no hay que adaptarse a los nuevos tiempos, yo sería el primero en decirlo, pero añoro tanto esos momentos, que no me importaría volver a revivirlos, puede que algunos me tilden de viejo, y de que la frase de que cualquier tiempo pasado  fue mejor esté fuera de contexto, pero sigo pensando que era más pura y más sincera la amistad que forjamos en esos momentos, donde no había dobleces y nos conocíamos por nuestro nombre o por nuestro “mote”, pero  eso era lo que menos nos importaba.

Incluso conseguimos hacer alguna que otra “quedada” en el pueblo, compartimos mesa y mantel, y lo más importante, abrazarnos como amigos y paisanos que somos, debatir sobre lo que le interesaría al pueblo y ver de qué manera podíamos ayudar a conseguirlo.

Entre los muchos proyectos que debatimos estaban: Como rehabilitar la Iglesia de Santa María la Mayor, -para los que son paisanos-, es la que está en la calle Inmaculada. Conseguimos la llave y pudimos entrar, ver y fotografiar el deplorable estado en el que se encontraba, y así se lo hicimos llegar al Consistorio para que diese cuenta a quien procediese para su restauración.

Se llegó a un acuerdo para que se volviese a instaurar el día del árbol, y en nuestra propuesta incluiría que se plantasen árboles a lo largo del camino del humilladero para hacer un verdadero paseo por donde discurre anualmente la romería de nuestra Patrona.

Los primeros sorprendidos fuimos nosotros, ya que desde la lejanía, se podían vislumbrar tantas cosas y ver tantas las carencias que el pueblo tenía que  llegamos a pensar que, como dice la cita; Hay que alejarse del bosque para ver los árboles.

En fin, fueron muchas las propuestas las que llegamos a concebir, pero que lamentablemente solo quedaron en eso, propuestas.

Capitulo aparte hay que mencionar que, gracias a los administradores de la página y con la inestimable ayuda del Ayuntamiento, con su alcalde a la cabeza, que por el año 2004 era José Antonio López Aranda, le pareció una idea fantástica celebrar el día del Santacruceño ausente.

Algo que nunca se había hecho y que merecía la pena intentarlo. Fue todo un éxito, y con el marco incomparable de la casa de la Despensa en la plaza de toros como escenario pudimos realizarlo.

Allí nos reunimos unas 40 o 50 personas, no sabría precisar el número de asistentes, pero quedó para la posteridad.

Hubo discursos, tanto por parte de las autoridades como de los administradores de la página, mención especial para el discurso con el que nos deleitó el amigo y paisano Marcelino Poveda, que con su prosa y sus coplillas hizo las delicias de todos los presentes.

Para finalizar el acto mi hermano Manuel hizo algunas referencias de lo que habíamos visto y recopilado sobre el pueblo, por último recitó una poesía que yo había compuesto y se incluyó en el programa de fiestas de ese mismo año. Recuerdo con gran nostalgia como me dijo al terminar el acto, ¡¡en buen lío me has metido!! Ya que no pudo reprimir que la voz se le quebrase cuando la recitaba. Yo en mi descargo le dije, sabes que para escribir aún me atrevo, pero para recitar, ni estoy preparado ni podría hacerlo.

Como colofón a este acto  cargado de emotividad se nos entregaron unos diplomas firmados por el Alcalde y el administrador, -el cual tengo enmarcado y puesto en lugar preferencial de mi casa- y una placa conmemorativa de ese encuentro a Ángel A. Quero Marín como administrador del grupo. No sería justo olvidar que las bodegas Castro nos hizo un regalo de unas botellas de vino de esos grandes caldos que ponen Santa Cruz de Mudela en todo el mundo como marca  preferencial de la denominación de origen Valdepeñas, y que siguen cosechando grandes triunfos para satisfacción de todos los que nos sentimos Santacruceños.

Como no podía ser de otra manera, terminamos haciendo una visita a nuestra Patrona, y aunque algunos se despistaron, hicimos la foto de rigor para inmortalizar el acto.

No terminó para nosotros el día, ya que teníamos reservado en un restaurante la comida para deleitarnos con las viandas de nuestra tierra y poder compartir con –casi todos los asistentes- una comida de hermandad, y sobre todo, de amistad y paisanaje.

Hubo discursos a los postres, anécdotas y un reconocimiento por todos los asistentes a los administradores en forma de un cuadro enmarcado conmemorativo y de agradecimiento de un día tan especial para todos.

Dejo una pregunta en el aire para quien quiera o corresponda responderla.

¿Tan difícil seria hacer estos actos como algo habitual para todos los paisanos que, por diversas circunstancias tuvimos que emigrar del pueblo, y que, sin embargo, seguimos llevándole en el corazón y que, en cuanto tenemos oportunidad retornamos a nuestras raíces, y si es por el día de nuestra Patrona, la Virgen de las Virtudes, hacemos verdaderos esfuerzos para acudir?

Este pequeño homenaje de  conmemoración es  para todos los que en ese día nos reunimos y compartimos el placer de ser amigos y paisanos, y especialmente para los que ya nos abandonaron.

Manuel Marín de la Rubia, Antonio Fernández Sánchez, Miguel Bustos.
Siempre estarán en nuestra memoria y en nuestros corazones.


P.D. Os dejo a continuación alguno de los discursos, poesías y fotos a modo de resumen.

DISCURSO DE MARCELINO POVEDA

Santa Cruz de Mudela.   Las Virtudes, a 8 de Septiembre de 2004       

                          Ilustrísimo Alcalde, Sres. Concejales, paisanos y amigos todos.                                                   

             Es un honor, el recibimiento y acogida dispensado a los forasteros, como homenaje al ausente, esperando sea el sentir, de tantos paisanos aquí, reunidos.         Hoy  día de Ntra. Patrona, la Virgen de las Virtudes,  tan  señalado  para nosotros, nos dedica el pueblo de Santa Cruz de Mudela, tal distinción  en la figura  de su  Ilustre alcalde, por lo que le damos las gracias.

      Esto no sería posible sin la colaboración de unas personas altruistas, que en su día  dieron a conocer, Santa Cruz  de Mudela en Internet,  para el mundo entero. Por lo tanto nos estamos refiriendo  a  Ángel Antonio Quero, creador de la página Web y como no, al administrador y también  brazo derecho  de éste, el amigo  Ángel Fernández , o  Anferlin  como se le conoce en el argot del foro, el que tiene una “ tiendecilla ” yendo  hacia el parque.

Así,  en torno a las nuevas tecnologías nos fuimos sumando una serie de paisanos, que como dice Mimosín, es decir, Pepe Marín,  ahora somos amigos. Veréis  que estoy usando los nuevos “alias,” o apodos modernos, para comunicarnos por  la red de redes.

Si bien es verdad, que algunos conservan su apodo de pila como es el caso del muchacho de Charriles, como a mí, me gusta llamarle de forma cariñosa. Me estoy refiriendo a Antonio Fernández.

Se  fraguó entre nosotros una amistad sincera, donde nos íbamos conociendo o reconociendo, día tras día y donde descubríamos, sitios, amigos, aficiones, y vivencias en común.

Nos transmitimos información útil, de los más diversos temas y como no, la cultura del entorno al pueblo, y de otros pueblos también  cercanos con sus diferentes peculiaridades y maneras de ser.

Estamos reuniendo palabras y vocablos, del lenguaje churriego, y que aun sabiéndolas no las reconocíamos como churriegas. Así, se tira pronto de diccionarios  e informaciones locales, y nos vamos saliendo, poco a poco. 

Pero no fue hasta  primeros de Febrero de este año, cuando se produjo un momento álgido  o mágico  cuando surgió, ese lazo de amistad.

Por un lado, viendo la sinceridad y el arrojo en la persona de Ángel A. Quero, que apasionado en su trabajo en pro de todos nosotros,  nos motivó, e hizo que nos comprometiéramos con él, sin reservas.

Otro tanto podríamos decir del otro ángel el muchacho del Super. Así, desde el escrito sincero y maravilloso de Rumandra, a modo de testamento  en el cual, desde la lejanía de Menorca, añoraba  su pueblo, y sentía la nostalgia decía ella, y la mamá de ésta que, con una memoria prodigiosa, nos mandó una coplilla del Chuletas donde la investimos “Forista Mayor”.
                            
     Si me permitís, quisiera leeros esa letrilla que dice así:
                                 
Chuletas es un muchacho
Con un talento bestial
Con oficio de alfarero
Y humorista sin igual
Como hace tantos  “bacines”
Dice quién pudiera ser
Uno de esos cacharrillos
Que tanto bueno han de ver.
   
     También es de destacar la aportación que nos hizo Ángel Fernández, refiriéndose a “La murga  los Tapa rajas “donde el ingenio y el humor corren a raudales y que decía así:

Aquí están los tapa rajas
mirarlos con atención
para tapar una raja
una artesilla amasó
y viendo que les sobraba
y se las ponía duro
a la vecina de enfrente
le querían tapar el c…

     
      Los escritos y poesías de los hermanos Marines, de Aguilera,  Charriles  y de dos  hermanas, Rosanna y Marga, Toledano, informático del grupo, y hermano del de la tiendecilla, y como no, Flori,  Miguelín el jienense  y de tantos y tantos otros que sin duda me dejaré en el tintero, pero que de un modo u otro todos participaron.
                           
      Os recitaré una de mis modestas colaboraciones con este grupo.
      
“DIOS  AL CREAR AL MUNDO”

Dios al crear el mundo
Primero hizo Santa Cruz
Porque para hacer su obra
Necesitó mucha luz

Así, Él, nos ilumina
A través de la patrona
Y nunca se desanima
Porque su pueblo la adora

Ayúdanos madre mía
Cada uno en su destino
No nos falte la alegría
Al andar nuestro camino

Por eso el día de tu fiesta
Iré en peregrinación
Y llevaré en el alma puesta
Mi plegaria y devoción

¡OH Virgen de las Virtudes ¡
Ampáranos  en tu manto
ese que te compraremos
aunque no se sepa cuando

       Podemos decir que cuajó un lazo de amistad, algo que a todos nos  enriqueció. Donde todos hemos comprendido muchas cosas, y compartido,  ratos apasionados con las diferentes secciones de este grupo, ya que contamos con  unos extraordinarios cronistas y fotógrafos, que nos muestran las estampas más bellas unas veces, y otras de denuncia si así conviene, para discernir una realidad, Santa Cruz de Mudela.


       Así, Sr. Alcalde, préstenles Uds. ayuda, a éstas personas, como nos consta  en ésta ocasión con su buen hacer, por el bien del forastero, del que  sigue aquí, y  del pueblo como último destinatario.

     Me gustaría hacer un inciso, para referir, al ilustre alcalde, el detalle que tuvo con los paisanos de Vilafranca del Penedès, y otras  poblaciones cercanas. En aquella  ocasión, era  por el otoño del 1994 y que fue acompañado de otras personalidades  de su entorno. Fuimos obsequiados además  de su presencia, con la palabra como medio de estrechar lazos de amistad entre los diferentes pueblos y hacer un hermanamiento. Nos dejaron  unos libros y videos, que andan por casa,  siendo objeto de  admiración y consulta  además de otros detalles, todos con motivos del pueblo. En colaboración con el que fue  nuestro alcalde,  Joan Aguado  Masdeu. Fue muy valorado su gesto  Hoy, paradojas del destino ha querido que de alguna forma,  un puñado de aquéllos santacruceños, le devolvamos  la visita, en su marco natural, siquiera por “El que siembra recoge”
 .                   
Llegado a este punto,   me gustaría decir unas palabras, en memoria de otro paisano  que pasó media vida  entre nosotros en  Vilafranca del Penedès. Don Eustaquio Parrilla, el que fuera  jefe de los municipales, y que tanto se le apreciara por su buen hacer, como así, fue reconocido en el pregón de la Festa Major de Vilafranca  de Penedès , del  pasado año, por el periodista local  Ricard  Rafecas  del semanari del Penedés,  El Devuit, quien destacó  su manera paternal de entender y ayudar  a  aquéllos jóvenes, en lo tocante a las actividades lúdicas de la Vila.

Recuerdo una anécdota   muy  curiosa. Transcurrían los años, 1971- 72 al poco de casarnos. En la barriada donde nos fuimos a vivir, carecía de casi todos los servicios. No teníamos ni una  triste bombilla en la calle. Se nos  ocurrió, escribirle una carta al Parrilla, en nombre de los vecinos, reivindicando la falta de alumbrado y  no le di más datos, solo le mandé un saludo y la firmé. A los dos o tres días, se presenta en  casa un municipal, con un impreso oficial, para que eso mismo lo plasmara,  en el modelo establecido, que decía era cosa del alcalde, o sea que  me localizó por el garabato de la firma, para que aquello no cayera en saco roto y  fuera atendida nuestra queja .Todo un personaje .Entrañable con todo el mundo y muy especialmente con los paisanos. Así, mis palabras más sentidas pare él.
                          
      Hoy estamos aquí, una ínfima parte de tantos paisanos que en su día, en aquellos años 50/60, nos marchamos buscando nuevos horizontes, porque la vida continúa siempre, y en ella vamos desgranando  lo mejor de nosotros, para  hacernos un hueco en las sociedades modernas, en busca  del progreso, esa quimera.

Cada vez, eran menos las espigas que segar, menos  parvas que ablentar, y menos los  muchachos trilladores, que alegrarán a las mulillas en lo alto de una trilla, cuando iba llegando Junio con su hoz en puño.

Cada vez menos espigadoras, dispuestas con su atíco, a recibir a la aurora, como en “La rosa del azafrán” que iban detrás de las hoces, a merced de la conciencia del segador, para reunir un manojo de espigas de cebada o candeal, machacarlas y ablentarlas en la esquina de su casa, esperando que los vientos les fueran favorables y poder mitigar así, el sustento de sus hijos y  ayudar a  la casa.

Esa mujer manchega abnegada siempre y llena de coraje con uñas y dientes para sacar a la familia adelante. Se iban implantando las máquinas cosechadoras,  las  entrañas de la tierra, las iban abriendo los tractores, que hacían  la labor de no sé cuántos pares de mulas.

En el pueblo aprendimos además de sus tradiciones y cultura el valor de la amistad, el respeto por las personas y  algo muy importante, la honradez. También aprendimos  el trabajo de sol a sol,  y lo que significa el esfuerzo personal, el qué dirán de la gente, la palabra dada de los mayores, y el buen hacer. Lo que se decía “para  que el día de mañana  seas un hombre de provecho” Claro, si estas expresiones se las decimos hoy a los jóvenes les van a hacer mucha gracia, pero en cambio seguirán teniendo vigencia siempre.

Era la hora de marchar,  cualquier día, nos tocaría coger “el sevillano “con destino al progreso, esa quimera, que cuento en mi historieta de Santa Cruz.

Al  pasar delante del parque la vista se me fue hacia la academia de música, donde dejaba mis amigos e ilusiones, con rumbo a lo desconocido. Era cuando apuntaba la primavera de 1963  y no se me olvidará nunca porque, ese viaje me costó, unos lagrimones, que desde entonces guardo en mi alma  para siempre. 

               



Un cariñoso saludo para todos.

 Marcelino Poveda Dotor 





DISCURSO FINAL DE MANUEL MARÍN

Casa de la despensa, a 8 de Septiembre de 2004

Estimados paisanos:

Es para mí una satisfacción poder dirigirme a todos vosotros, aunque creo que cualquiera de los que aquí se encuentran lo podían hacer igual o mejor que yo. Nunca pude sospechar que después de 40 años de mi salida me encontraría en este lugar rodeado de muchos de los que lo hicieron igual que yo y que nuestras familias.

Quiero hablaros un poco del Santacruceño ausente, pero en forma distinta a lo que lo hice en el artículo que insertaron en el programa oficial de las fiestas, pues ya sabemos cómo salimos de aquí, lo que nos acordamos de aquellos tiempos, las dificultades que se pasaron, etc.

Creo que desde siempre, y mucho más ahora, podemos hacer mucho por nuestro pueblo, pues aunque creo que todos en muchos casos lo habremos referido a nuestros vecinos, amigos y conocidos, es importante que siempre que tengamos ocasión nos vanagloriemos de nuestra patria chica, no con ostentación, pero si recordando en todo momento que aquí está y que hay algo que ver y contemplar, no podemos ofrecer grandes obras de ingeniería, ni murallas romanas o algo parecido, pero lo que tenemos, para nosotros es mucho y debemos pregonarlo a los cuatro vientos, y en última instancia ofrecer la hospitalidad de todos los que aquí habitan.

No obstante, y para que podamos presumir ante cualquiera de lo que aquí tenemos, es importante que lo mucho o poco que haya que ver, se conserve y que lo que esté deteriorado se reconstruya, así como nuevas iniciativas que potencien el turismo a nuestro pueblo, que en definitiva redundará en beneficio de todos.

Por eso, emplazo a las autoridades locales y provinciales a que aporten esas iniciativas, y para empezar que mejor que iniciar la restauración de la pequeña iglesia de Santa María la Mayor, de la calle Inmaculada, un tanto abandonada, así como la continuación de las prospecciones en Viloria (asentamiento íbero-romano) y Las Virtudes (posible enclave romano y visigodo).      

Finalmente, deseo a todos los presentes que pasemos un gran día de fiesta, recordando muy especialmente a todos los que, por unas u otras causas, no han podido asistir a nuestra fiesta.

Gracias al Sr. Alcalde, la Concejalía de Cultura y a todos en general por su asistencia.

A continuación voy a leer la poesía que insertó Pepe Marín en el programa de fiestas, y que muchos de los que la hayan leído no sabían su autor, por no ir firmada al pie.   






EL ALBA DE UN SANTACRUCEÑO


Agosto amanece, cantan las cigarras,
campos de trigo, camisas sudadas.

El rudo trabajo, no alegra tu cara,
pero cuando llega el alba, de nuevo coges la azada.

Cargas tus mulos y animas el alma,
tu esposa aún dormita, tu niño descansa.

Jornalero del campo, pero con el alma clara,
que esperas que un día, te llegue tu alba.

Pero pasan los días y no se vislumbra nada,
recapacitas en tus largas horas, que no hay que hacer nada.

En una noche estrellada, triste lo cuentas, y no solo con la almohada,
lo haces con tu esposa, que calla y no dice nada.

Aunque de sus dulces ojos, se asoman unas lágrimas,
hay que dejar el pueblo, -le dices-, aquí ya no hacemos nada.

Y el día que te despides, no lo haces con la boca,
lo haces con el alma.

Adiós pueblo querido,
adiós mi dulce alba.

Cuando podré volver a verte,
quizá, cuando descanse mi alma.

Salgo de Santa Cruz triste, pero con la cabeza bien alta,
allá donde los pasos me lleven, yo te llevaré en el alma.

Y que la Virgen de las Virtudes me asista, si no he de volver a ver más…mi alba



Dedicado a todos los Santacruceños que por diversas razones tuvieron que abandonar el pueblo, aunque callen… y no digan nada.




Pepe Marín de la Rubia




DISCURSO EN RECONOCIMIENTO A LOS FUNDADORES DE LA PÁGINA


Santa Cruz de Mudela, a 8 de Septiembre de 2004


Queridos amigos:

 Aún a pesar de ser reiterativo, no por menos, voy a seguir agradeciendo a nuestros “queridos Ángeles”, es decir, Ángel Antonio Quero y Ángel Fernández, o como normalmente los conocemos en Internet por, Churriego y Anferlin, que gracias a ellos, estamos ahora aquí reunidos una serie de personas, que a pesar de haber nacido en el mismo pueblo, por motivos que de sobra conocemos todos, tuvimos que emigrar, y que a la vuelta de tantos años, no solo nos volvemos a encontrar como paisanos, si no como amigos.

Y esto si que es un verdadero milagro. Ahora no tendría sentido pensar, ¿Qué hubiese pasado si todos nos quedamos en el pueblo? ¿Seriamos amigos como ahora somos?

Lo importante es que estamos aquí, y que si el destino nos hizo nacer en el mismo sitio, y ese mismo y caprichoso destino, nos hizo llegar a distintos puntos de la geografía, debemos felicitarnos ahora, de que también, y por casualidades de la vida, -o como suelo decir yo-, “la vida a veces se disfraza de casualidad”, nos encontremos de nuevo.

Aunque en esta ocasión, el destino tiene nombre y apellidos, ya sabéis que me refiero a los dos “Ángeles”, que un buen día tuvieron la gran idea, de dar a conocer al mundo entero algo tan entrañable para ellos y que llevan en su corazón, su pueblo, nuestro pueblo, Santa Cruz de Mudela.

Y justo es reconocer, que gracias a ellos, ahora nos encontramos aquí.

Amigos Ángeles, en nombre de todos os doy las gracias, y os ruego que aceptéis  este  pequeño detalle, como recuerdo de este día.

Muchas gracias.

Pepe Marín de la Rubia



    FOTO DE ALGUNOS DE LOS AMIGOS CON LA VIRGEN


 COMIDA DE AMIGOS






 CUADRO CONMEMORATIVO DE RECONOCIMIENTO A LOS ADMINISTRADORES


miércoles, 2 de noviembre de 2016

DÍA DE DIFUNTOS




Hoy, día de todos los difuntos, quiero hacer un homenaje a todos mis seres queridos que me abandonaron.

Muchos ancestros son los que adornan esas noches estrelladas, pero por esas extrañas cosas del amor y la empatía, siempre hay algunas que lucen con una luz sensiblemente más fuerte que otras, y sin menospreciar su luz, que también me llega, siempre me fijo en las que refulgen con más intensidad.

Tanto mi padre, como mi abuelo materno, que siempre me demostraron lo mucho que me querían, y saben que siguen latentes en mi ser, los localizo a primera vista, ahora, quizá por la proximidad de lo acaecido tan cercano, hay una que me deslumbra constantemente y a él quiero hoy dedicarle estas pobres palabras que se agolpan en mi mente, y que estoy seguro que no hacen justicia con mi escaso vocabulario a lo que se merece.

Somos Marionetas en esta vida, manejadas por unos hilos invisibles.
Para ti hermano Manuel, estas humildes letras.

“MARIONETAS DE LA VIDA"

¿Por qué me dejaste tan solo?,
¿Por qué no me dijiste que te ibas al Cielo?
Ahora todo ha cambiado desde que te has ido,
Y hace que me pregunte, ¿cómo aceptar esto?

Una y otra vez  me diste todo tu cariño.
Ojalá te hubiera dicho más veces lo que significabas para mí.
¿Por qué siempre tiene que terminar todo así?
La pérdida de un ser querido es tan difícil de llevar.

La luz de la noche se me hizo más oscura
¿Dónde está ahora el calor del sol?
Podría haber hecho yo algo más por ti?
Nunca más vas a verme llorar.

Lo que yo daría sólo por escucharte reír.
Pero todo lo que queda es sólo una fotografía.
Te he conocido durante tantos años,
Ojalá hubiera sabido cómo secar tus lágrimas.

Fuiste tan importante para mí,
Y todo se rompió cuando llegó ese fatal día.
Tantos sentimientos por tierra,
¿Quién sabe la razón?, quizá estaba destinado ser así.


Siempre estarás en mi corazón. ¿Esperarás en el Cielo por mí?

domingo, 30 de octubre de 2016

CARTA AL CIELO

                                                      






Querido padre, ahora sé que ya estás con tu hijo, mi hermano Manuel, tu que ya tienes experiencia de estar en el cielo, ayúdale a caminar por ese sendero, sé que te habrás afligido por tenerlo tan pronto a tu lado, pero por otro lado, ahora tienes una compañía inigualable, y seguro que lo habrás acogido como se merece.

Puedes estar tranquilo, ya que desde que tu faltaste, el hizo todo lo posible para que no nos sintiésemos desamparados, tu siempre has sido y serás mi padre, pero mi hermano supo suplir con creces tu ausencia, de lo cual también sé que te has sentido muy orgulloso.

En este día tan señalado os recuerdo con tanto amor y cariño que faltaría a la verdad si no os dijese que os echo tanto de menos.

Pero los designios de la vida son tan difíciles de entender que solo me queda el consuelo de saber que por alguna razón que se escapa a mi mente, os llamaron muy pronto para estar allí, tan cerca de las estrellas para que formaseis parte de ellas.

Es inevitable escapar a algo tan ineludible como es la muerte, aunque no la queramos aceptar, pero que forma parte de nuestras vidas desde que nacemos.

Quiero que sepáis que una cita que siempre me acompañó sigue vigente en mi mente y en mi corazón.

La gente no sabe que no mata la muerte, sino el olvido. Y eso jamás pasará, siempre estaréis en mi corazón hasta que deje de latir y pueda reunirme con vosotros.

Siempre estaréis en mi recuerdo, siempre os querré, aunque físicamente no estéis conmigo, si lo estaréis  en mi  alma, y esa nunca falla.

Os quiero mucho más allá de la materia.

Vuestro hijo y hermano.

Pepe Marín

viernes, 29 de julio de 2016

LA LAGUNA ENCANTADA







Estoy algo ajustado de tiempo últimamente, y aunque aparente una disculpa por mi parte , yo, el que daba las buenas noches al Lucero del Alba cuando se parapetaba detrás de las montañas tras las primeras luces que anunciaban el nuevo día, estoy tan irremediablemente cansado, que hasta la señora de la casa se extraña y confunde de si no estaré enfermo, o que va haciendo mella en mi pequeño ser la edad, -esa que dicen que no perdona-, por acostarme a hora tan inusual para mi como son rayando las doce de la noche, que si bien dicen es hora de brujas, a mi me cuesta creerlo.

Y a propósito de brujas, hoy quería rememorar una vieja historia que tiempo atrás me pasó. Fue -como no- en tierras Gallegas. Andaba yo por esos tiempos como perro al que hubiesen quitado las pulgas, y aunque alguna fémina se de por aludida, me refiero ha que había quedado soltero y sin compromiso, que al igual que el famoso refrán, el Buey suelto, bien se lame, así me daba la sensación de estar yo, libre como pájaro y buscando nuevas sensaciones que aflorasen en mi. Un buen día, sin encomendarme ni a Dios ni al diablo, hice la maleta y puse rumbo a esa tierra Galaica que desde niño me había subyugado con sus historias y sin embargo aún no la conocía.

Como a continuación relataré, no me defraudó el viaje.


Persona como yo, nacido y criado en tierras de secano, donde el verde solo se ve en Primavera y el agua es -nunca mejor dicho- un bien escaso, la primera impresión que tuve de esa maravillosa tierra fue extraordinaria. Como si en Rana me hubiese convertido, solo hacia saltar de Río en Río, y allá por dondequiera que mirase, me maravillaba el verde de sus frondosos bosques.

Cegado por el encanto, me fui adentrando en el bosque sin mas compañía que una cámara de fotos y la ilusión por descubrir cada vez mas bellos paisajes, tal era mi entusiasmo que perdí la noción del tiempo, y como cosa habitual que es, noté que se me hacia de noche sin reparar en que estaba tan adentrado en no se sabe que punto del bosque, que cuando quise volver sobre mis pasos, noté alarmado que estaba dando vueltas sin saber a donde me dirigía.

Lo que hacia unas horas me parecía maravilloso, fue tornándose en sombras amenazadoras, la mayoría creadas por mi imaginación, eso tuve que llegar a reconocer, y armándome de un valor que creía superfluo, dándome ánimos a mi mismo me dije, pero bueno, un sitio tan maravilloso te va a hacer caer en la tentación de creer que pueda pasar algo porque la negra capa de la noche caiga sobre mi, fui apartando de mi cabeza las dudas que habían surgido, -y ya con mas lucidez- comencé a rememorar hacia donde me habían llevado mis pasos, y apareció ante mi la imagen clara y diáfana de una pequeña laguna que había dejado pocos metros atrás, en la que me había entretenido en hacer unas fotos a una cabaña que al borde se encontraba, y que por su aspecto, parecía que solo sirviese para cobijar ganado, o bien a algún loco aventurero como yo que se quedase extraviado en la noche y sirviese de refugio hasta llegar el nuevo día. Guiándome mas por instinto que por saber, fui encaminándome al lugar, y efectivamente, después de un corto tiempo había llegado a la laguna, que ahora, a la luz de la incipiente Luna que asomaba por un claro del bosque, la iluminaba como bandeja de plata en mitad del albero del bosque.

Regocijándome en mi buena suerte, me senté un momento en la orilla, encendí un cigarrillo para terminar de calmar mis nervios -que aún no se habían evaporado del todo-. Al otro lado se distinguía perfectamente la silueta de la cabaña, solo debía bordear la laguna y guarecerme hasta que llegase el nuevo día, arrojé con decisión el resto de cigarrillo al agua y me puse en pie para cubrir el trecho que me quedaba, ahora caminando tranquilamente, aspirando el perfume de las hojas, dejando que mis sentidos asumiesen la belleza que me rodeaba. Así llegué hasta la cabaña, envuelto en una quietud del alma como nunca antes había sentido, al acercarme a la entrada me di cuenta que, como no había previsto hacer noche en ningún lugar, no disponía de linterna, solo el pequeño encendedor -que como empedernido fumador que soy-, siempre me acompaña, traspasé el quicio de la puerta y a duras penas alumbre para cerciorarme de que medios tenia tan singular sitio para pasar la noche.

Pude vislumbrar a duras penas un jergón de paja, una tosca chimenea de piedra, la que seguramente jamás se encendido, ya que no había ni rastro de leña ni cenizas y un banco de madera sin pulimentar. Lejos de acobardarme, creí que era todo lo que necesitaba para guarecerme y esperar el nuevo día, me quite las botas y me acomodé en el banco a descansar un rato antes de tomar la decisión de recostarme, en esos momentos reparé que la Luna había seguido su curso por el estrellado firmamento y por un ventanuco practicado en la pared se colaba su plateada luz. Decidí que merecería la pena sentarme afuera un momento y disfrutar de la noche, me levanté y salí de la cabaña, al lado de la puerta había un tronco de un vetusto árbol, me senté y recosté mi espalda.

El aire era embriagador, solo se escuchaban las ranas de la laguna y algún que otro grillo que comenzaba su amorosa andadura nocturna, cerré los ojos y me dejé llevar por esa inusitada calma que me rodeaba, en estas cavilaciones estaba cuando escuché que algo en la laguna se removía con mas fuerza a la que me estaba acostumbrando, abrí los ojos de nuevo para ver que era el revuelo que perturbaba el silencio de la noche, en el centro de la laguna divise unas ondas, era como si alguien hubiese lanzado una piedra y estaba haciendo círculos a su alrededor, me quedé un tanto extrañado, y por qué no decirlo, también asustado, pues hasta ese momento creía que en todo el bosque que me rodeaba estaba completamente solo, y la idea de que algún extraño mas estuviese rondando, no era precisamente lo que en esos momentos deseaba, agucé el oído pero nada hacia indicar que, ademas de mi, nadie estuviese por esos contornos.

Deseché rápidamente la idea, y una vez que con la vista había echo un barrido del contorno, me centré de nuevo en la laguna. Ahora la Luna brillaba en todo su esplendor, era como si un foco hubiese fijado su mirada en el liquido elemento, ni el cerco que la rodeaba estaba en oscuridad, lucia como si de un gran espejo se tratase, en estas cavilaciones me encontraba cuando vi como del centro de la laguna algo emergía, lentamente, pero emergía, puse toda mi vista y mis sentidos en tan inusual percance, aunque pronto pensé, que diantres, seguramente verás aparecer una gran trucha dispuesta a satisfacer su apetito nocturno a base de mosquitos.

Lo que a continuación sucedió, no sé si podré describirlo, ya que mis ojos ante tal aparición, parecía que se me saldrían de las órbitas., no podía dar crédito a lo que estaba contemplando, fue algo mágico, ni en mis mejores sueños podría haber concebido algo así.

Como expresarlo, no era nada que se pareciese a lo que hasta entonces había visto a lo largo de mi mi vida, era algo surrealista. Allí apareció en medio de la laguna un ser que no podría clasificarlo como bello, era algo mas que se escapaba a mi percepción.

Emergió muy despacio, como de una película a cámara lenta se tratase, el aspecto era de una belleza sobrenatural, una mujer muy joven y bella, con el pelo largo y rubio como el oro, los ojos es lo que mas admiración me causó, pues no sabría definir su color, eran cambiantes según avanzaba y tan profundos como un abismo, diriase que al mirarme podía leer mis mas íntimos pensamientos, se acerco deslizándose suavemente por el agua, y al llegar a la orilla donde me encontraba dibujó en sus labios una sonrisa, y con una voz dulce y melodiosa, mas que hablarme me susurró, -no tengas miedo, solo estoy aquí para protegerte, vengo para velar tus sueños y que nada te ocurra, ya sé que todo esto te parece irreal, pero es tan cierto como la laguna y el bosque que te rodea, y aunque no los veas ni los escuches, espíritus malignos están ahí en las sombras aguardando que cierres los ojos para apoderarse de ti y de tu alma-

Aunque hubiese querido hablar no hubiese podido, estaba totalmente hipnotizado, no podía apartar mi vista de sus grandes y profundos ojos, se acercó hasta mi, se sentó a mi lado y comenzó a acariciarme el cabello mientras entonaba una cadenciosa melodía, poco a poco noté como iba perdiendo la noción de las cosas, los parpados me pesaban como si plomo tuviese en ellos, y como si caminase en una nube de algodón fui cayendo en un profundo y dulce sopor.

Me despertaron los trinos de los pájaros, miré a mi alrededor, estaba amaneciendo, el alba se imponía a la negra oscuridad de la noche, sacudí la cabeza y me levanté lentamente, aún no sabia a ciencia cierta que estaba haciendo allí, me acerque a la laguna, me agaché y con mis manos cogí agua llevándomela hasta la cara, me desperece inmediatamente al contacto con la clara y cristalina agua, y poco a poco fueron viniendo a mi mente los recuerdos nocturnos, por un momento todo me parecía claro, pero mi mente se negaba a aceptar algo tan inusual y a la vez tan fantástico, que pronto se adueño de mi la sensación de que un extraño sueño me había acontecido, probablemente a causa del cansancio acumulado durante la jornada agotadora del día anterior, y mi imaginación -desbordante como tantas veces- me había jugado una mala pasada.

Repuesto a duras penas, traté de nuevo en orientarme, y a la inversa del día anterior, vi claro y diáfano el sendero que habría de llevarme de nuevo al camino por el que había iniciado esta peculiar andadura por el bosque.

Después de un buen trecho caminando, avisté la aldea en donde me había hospedado. Antes de dirigirme a mis aposentos decidí acercarme hasta la taberna del lugar para saciar el apetito que se acumulaba en mi estomago -poco acostumbrado a estos menesteres- rugía por no darle lo que la naturaleza propia del ser humano se impone cada cierto tiempo.

Mas que comer, devoré las viandas que en mi mesa depositaron, regadas con un buen caldo de la tierra, una vez saciado el apetito y a punto de levantarme entró un señor mayor, de una edad indefinida, la cara tostada por el aire y el sol, se acercó a la barra del bar y pidió un café, note enseguida como no me apartaba la vista de encima, un poco confuso por tan inusitado interés por mi persona, pedí la cuenta al tabernero. Al poco vino este con la citada cuenta y me dijo, el señor de la barra tiene a bien invitarle a un orujo si usted se lo permite, obvio es decir que en esas tierras es costumbre ancestral tomarse ese licor después de una buena comida, y ya que no dejaba de ser un extraño, y no querer hacer un desaire, admití la invitación.

La sorpresa surgió segundos después, ya que el citado señor, se acerco hasta la mesa, con una botella y dos vasos, y con toda la cortesía del mundo me indicó si le ofrecía sentarse a mi lado, hubiese sido un desplante por mi parte, y con la mano le indiqué que podía hacerlo.

Se sentó a mi lado y escanció en sendos vasos una generosa porción del citado licor, alzó su vaso y brindó por la salud y la amistad, le reconocí el brindis y acto seguido bebimos de un solo trago el licor.

Después de una interminable pausa, me miró directamente a los ojos y me espetó, -usted ha estado esta noche en la laguna del bosque ¿verdad?-, me quedé atónito ante tal afirmación, ya que desde que regresé del monte, no había referido a nadie mi singular aventura, pero antes de que yo pudiese decir nada, prosiguió el lugareño, mire -me dijo-, en estas tierras hay mucho de fabula en las historias que se cuentan, y no seré yo quien diga que no es cierto, pero hay cosas que pasan -y pasarán inadvertidas- por muchos años que lleven aquí a personas del lugar. Usted, -por alguna razón que desconozco-, ha sido elegido, y eso lo convierte en un ser para mi especial, sus ojos le delatan, un simple espectador no caería en la cuenta, pero para para mi, que llevo tantos años en este lugar y conozco todas y cada una de las cosas que inusualmente acontecen, se muy bien que algo le ha sucedido allá en el bosque, que por si no sabe su nombre, aquí le llamamos el bosque de la laguna encantada. -No se apure ni diga nada-, no pretendo ser indiscreto, solo quería que lo supiese, no pasará inadvertido ante personas que al igual que yo, sabemos leer e interpretar lo que muchos solo verían -si es que quiere contarlo- una fábula sacada de un cuento, pero los dos sabemos lo que ocurrió, y mejor que lo deje en el interior de su alma y sepa apreciarlo con el paso del tiempo.

Usted volverá muchas veces a Galicia, y cuando no esté aquí, la añorará, es el peaje que debe pagar , y también sé que lo hará.

Se levantó el lugareño, me dio su mano a estrechar y como despedida me dijo, si vuelve por aquí pregunte por Feijido, si no le dan respuesta de mi, acuda al camposanto, entrando a la derecha en la esquina quizá encuentre una lápida con una sencilla y escueta dedicatoria, me vendría muy bien una oración de su parte para este ser atormentado.

Caminó hasta la puerta y antes de traspasar el umbral se volvió y me dijo.

Yo no creo en Meigas, pero haberlas, ¡¡Ahílas!!


Días después, y antes de marcharme, acudí de nuevo a la taberna donde me había encontrado con tal peculiar lugareño. Le pregunté al posadero quien era ese hombre que días atrás me había invitado, por la cara que puso me quedé intrigado. No sé quien era esa persona, -me dijo- era la primera vez que lo veía, eso si, no tenga en cuenta las palabras que escuché le dijo cuando se marchaba, aquí en estas tierras se habla mucho de Meigas, pero jamás nadie ha visto nada.

De todas formas, -insistí- el señor que me invitó me dio, no sé si un nombre o apellido, que por mis escasos conocimientos de la zona me pareció que debía tratarse de este lugar, ¿y como dijo que se llamaba? Feijido, -contesté-, el buen hombre dibujó una sonrisa en su cara y apoyando los codos en la barra me dijo, le invito a un orujo y escuche con atención lo que le a continuación le voy a relatar.

No sé si podrá adivinar la edad que tengo, pero si se fija en mi pelo, luzco ya canas, señal inequívoca de que no soy un adolescente, bien, dicho esto y para que se haga una idea, ya cuando yo era niño, mi abuelo, (Dios lo tenga donde merezca) me contaba una historia, que a su vez, su propio abuelo se la había trasmitido a el, y que mas o menos venia a decir lo siguiente:

Cuando esta población, que aunque ahora le parezca un villorrio del tres al cuarto, era solamente una aldea perdida en el bosque, contaban que hubo un tiempo en que una familia, venida de no se sabe donde, echó sus raíces en este lugar perdido de Dios, apacentaban ganado y cuidaban sus campos, cierta noche la mujer se puso de parto, y dado que estaban lejos de cualquier sitio con un mínimo de asistencia sanitaria, no tuvieron mas remedio que afrontar el parto el matrimonio solo. A resultas de este acontecimiento nació una hermosa niña, pero la felicidad no habría de ser completa, ya que la mujer después de varios días de sufrimiento falleció en brazos de su marido, cuentan que sus alaridos de desesperación se escucharon por todos los valles de la comarca, pero al mismo tiempo que enterraba a su amada mujer, juró por lo mas sagrado que se entregaría en cuerpo y alma al cuidado de su pequeña.

Regó con su sudor la tierra que cultivaba, siempre pensando en un solo motivo, hacer que su hija creciese sana y feliz, le dio todo el cariño que solo una persona que ha sufrido tanto le podía dar, y a fe que lo consiguió, la niña creció y se hizo una mujer de una belleza excepcional, fuera de lo común. Padre e hija gustaban salir al monte y dar largos paseos al atardecer hasta el bosque para terminar en la laguna, y en unos de esos paseos ocurrió algo imprevisto, estando sentados al borde y hablando tranquilamente padre e hija, no notaron que estaban rodeandoles una manada de lobos hambrientos. Cuando se quisieron dar cuenta los tenían encima, el padre hizo lo que cualquier persona en esa situación hubiese echo, saco su cuchillo de monte y presentó batalla para afrontar a los ávidos caninos que se abalanzan sin piedad sobre ellos, consiguió abatir a tres de ellos gracias a su destreza con el cuchillo, pero el cuarto lobo, -quizá el líder de la manada- se abalanzó por detrás, y cuando estaba a punto de asestarle una dentellada mortal en la garganta, surgió por detrás la hija, y abalanzándose sobre la fiera, la rodeo con sus manos y la arrastro hacia la laguna, evitando así que su padre inevitablemente muriese de una forma horrenda. Entre aullidos y chapoteo del agua el padre veía impotente como su hija por salvarle a el daba su vida, en un momento de tan terrible lucha la chica emergió de la laguna, y teniendo aún agarrado a la fiera por el cuello gritó. ¡¡Padre sálvate!! tu hiciste por mi lo que nadie hubiese echo, nunca te olvidaré, y juro por lo mas sagrado que jamás dejaré que si alguien se acerca a esta laguna le ocurra nada, reza por mi y que Dios te guarde.

Después de decir esto, la chica y la fiera se hundieron definitivamente en la laguna, dejando un rastro de sangre a su alrededor. Ni que decir tiene que el padre desolado no tuvo ni aliento para decir nada, solo le quedaron fuerzas para derramar unas lágrimas e internamente decir una oración.

Cuenta la leyenda que, después de este episodio, el padre dejó todas sus tierras y construyó una cabaña al borde de la laguna, con la intención de ver aparecer algún día a su amada hija surgir de nuevo de las aguas. Pasados muchos años, un viajero anónimo -que pasó casualmente por el lugar-, entró en la cabaña y vio a un esqueleto tumbado en un camastro, llamó a las autoridades del lugar para que diesen fe de lo que había encontrado, al lado del cadáver solo encontraron una pequeña misiva que rezaba así; mi nombre es Feijido, y no reposaré en paz hasta que mi hija vuelva para hacer el bien que antes de desaparecer en la laguna dejó dicho. Al no tener mas datos que afirmasen quien era, las autoridades decidieron que sus restos fueron enterrados en el camposanto, y en una sencilla lápida solo pusieron su nombre y la fecha en que lo encontraron, desde entonces, dicen que la laguna está encantada, aunque jamás nadie ha visto ni oído nada en el citado lugar.

Ya ve, -concluyó el tabernero- si por historias y fabulas queda corto, vuelva por estos contornos algún día, a buen seguro que, si no es la misma, alguna parecida le contarán. Somos una región que se ha alimentado de estas costumbres, y no seré yo quien las ignore, pues siempre hace que personas como usted, vuelvan a menudo a visitarnos, atraídos no solo por la belleza del paisaje, también por las historias de mentes calenturientas, que al amparo de la lumbre en noches de crudo invierno, se las ingeniaban para tener entretenido al personal y de paso, meterles miedo.

Le di las gracias por la charla, y salí del local bastante confuso, pues por mucho que me había contado, seguía teniendo la sensación en el estomago de que lo que viví esa noche no fue un sueño.

Intentando quitarle importancia, y para no me obsesionase, subí al coche y me dispuse a partir de regreso, pensando en la cantidad de fotos que tendría que visionar, en las charlas que tendría con mis amigos de lo interesante que es esta tierra, y de su excepcional comida, puse rumbo al sur y enfilé la carretera de vuelta.

Cuando estaba apunto de salir del pueblo para coger la autopista, vi un letrero que indicaba, Cementerio, no pude resistir la tentación y desvié el coche hacia el camposanto, tampoco iba a perder mucho tiempo, y quizá no me iría con la duda corroyendo las entrañas de si fue un mal sueño o realidad.

Aparqué el coche a la entrada, a esa horas nadie pululaba por los contornos, todo estaba en silencio, -por otra parte, como corresponde a un camposanto-. Me adentré por un camino de cipreses, y justo al llegar a la primera esquina del camino, -tal y como me dijo el ser extraño que me abordó en el bar del pueblo-, giré a la derecha, era obvio que ese lugar no estaba tan cuidado como lo que hasta ahora había visto, la maleza hacia mella entre las lápidas gastadas por las inclemencias del tiempo, después de un trecho caminado y apartando ortigas, mis incrédulos ojos pudieron contemplar una raída lápida en la que constaba. Aquí yace Feijido, encontrado en 1789. No sé si por devoción o por, superstición, -quizá ambas- musite una oración, que sin lugar a dudas me salió del alma, hice la señal de la cruz y me dispuse a continuar camino. Antes de dejar el sendero que me llevaría de vuelta a la puerta volví la cabeza hacia atrás para mirar por última vez la lápida, cual fue mi extrañeza al notar que entre las letras que había leído anteriormente, ahora estaban cruzadas dos manos agarrándose y mirando hacia el cielo, una era vieja y sarmentosa y la otra joven y de una blancura nívea, debajo del aspa que ejercían las manos ahora se podía leer claramente una sola palabra. Gracias.

Temblando de emoción abandoné el lugar, su recuerdo aún me persigue, pero con la tranquilidad de saber que algo, -por extraño que parezca-, hice bien, y en las noches crudas de invierno, cuando el viento sopla con intensidad y la lluvia deja surcos en los cristales, musito para mis adentros, al fin estáis juntos y podéis descansar en paz.


Mitad verdad, mitad fantasía, esta historia es la que me aconteció, dejo a la libertad del lector a que saque sus propias conclusiones. Aunque como reza el refrán.

Yo no creo en Meigas, pero haberlas, ¡¡Ahílas!!



© Copyright José Marín de la Rubia

Prohibida su reproducción, total o parcial sin el consentimiento del autor.