domingo, 1 de noviembre de 2020

 




DÍA DE TODOS LOS SANTOS

1 de  Noviembre de 2020


Hoy, en un día tan memorable y a la vez tan triste, he comenzado a recopilar los recuerdos de mi pasado, sobre todo de los seres queridos que ya no me acompañan físicamente.

A saber, y sin menospreciar a nadie, he tenido a lo largo de mi vida muchas personas a las que he querido, y que por su parte sé que también me quisieron a mí. Obvio es decir que los que aún siguen en este mundo conmigo, para ellos estos recuerdos no cuentan, ya que sigo disfrutando de su compañía, y de la cual espero que sea por muchos años.

Quizá, y por orden de desaparición, aunque esto pueda sonar bastante raro, e incluso un tanto irreverente, no deja de ser anecdótico, ya que puestos en una balanza imaginaria del amor hacia las personas, -algo que todos sabemos que ni se puede medir ni pesar- entraría en  primer lugar mi abuelo materno, en segundo orden cronológico estaría mi padre en tercer lugar mi hermano mayor y por último mi madre.

Cada cual, y a su manera, en los años que convivieron conmigo me dejaron tal cantidad de anécdotas, recuerdos, vivencias y tal dosis de cariño que, sin temor a equivocarme, no hubiese sido la persona que he sido y soy. (Sé que no soy perfecto, eso sería una arrogancia por mi parte ni siquiera insinuarlo) pero la amalgama de todas esas vivencias a las que aludo, forjaron la personalidad que tengo y de la que no reniego. 


Raimundo de la Rubia Guzmán




Abuelo Raimundo, que voy a decir de ti que no haya dicho ya. El tic tac del reloj (que aún conservo) lo dice todo, fuiste la primera persona que me hizo sentir importante, recuerdo ¡¡cómo no!! Cuando tan pequeñín era y me ponías el reloj en la oreja y me decías, ¡¡que dice!! Y yo, con la imaginación infantil te decía, ¡¡dice Pe Pe!! Le hacia sonreír y dijiste a la familia, el día que yo muera el reloj se ha de entregar a mi nieto Pepe –el que aún conservo-

Me diste el cariño que un niño de los años cincuenta necesitaba. Lloré tu pérdida, pero jamás tu alejamiento, ya que siempre te he sentido cerca de mí a lo largo de los años que llevo vividos. Gracias abuelo, por darme todo ese cariño.


Manuel Marín Ruíz






A ti, padre, que en los pocos años que pudimos convivir juntos, sentí tanto cariño hacia mí, que jamás se me podrían olvidar. Los llevo grabados a fuego en el corazón

Como olvidar esos momentos tan apasionantes para un jovenzuelo como yo que me hicieses sentir tan importante. Allá donde ibas, y siempre que podías me llevabas contigo.

No sé si porque fui el más pequeño de la familia, sentía que tenías hacia mí un cariño especial, y eso marca, marca tanto que nunca he podido olvidar los pocos momentos de los que pudimos disfrutar juntos.

Aún recuerdo lo fríos inviernos del pueblo, en los que las sabanas parecían que estaban húmedas, y me decías, acuéstate conmigo un rato, me abrazabas y con el calor que de tu cuerpo emanaba me decías, ¡¡ahora estás en el hornito!!. Que sensación tan dulce trasmitías cuando me abrazabas para darme el calor.

Tengo clavadas en el corazón las últimas palabras que dijiste antes de dejarnos para irte a ese cielo o lugar que te esperaba. Yo estaba en la habitación, y abriste los ojos y se escuchó de tus labios, Pepe, y de tus ojos se derramaron unas lágrimas que nunca pude secar, ya que mi madre me dijo tajantemente, vete de la habitación, está sufriendo. Nunca te fuiste de mí, y lo sabes, sabes que no hay día que no te recuerde a pesar de haber pasado cincuenta y cinco años desde que nos dejaste.


Manuel Marín de la Rubia





Hermano Manuel, al igual que he comentado de mis anteriores ancestros, que puedo añadir que no haya dicho ya de ti.

Fuiste el espejo en el que me miré siempre, no siempre lo conseguí, pero tu aportación a mi manera de ser, de pensar, de respetar, de amar la lectura, de tener esas ganas de no conformarse con lo aprendido, sino intentar aprender a ser cauto y precavido, y un sin fin de cosas que, un tanto porque serían muy prolijas de enumerar, y otras porque mejor que se hayan quedado solo entre nosotros.

No tuve en esos años de juventud la referencia de un padre, ya que se nos fue muy pronto, tú sin siquiera saberlo, fuiste esa referencia, y la sigo aplicando.


Régula de la Rubia Bustos




A ti madre, que apenas hace unos meses nos dejaste, y aunque te pudiese parecer que no te apreciábamos como  merecías, puedes estar tranquila, fue todo lo contrario, fuiste para mí el ejemplo de saber subsistir y no arredrarse nunca ante las muchas dificultades que  tuviste que soportar a lo largo de tu extensa vida,  y tú pasaste por muchas más de lo que muchos mortales hubiesen podido soportar, y ahí estuviste, dando ejemplo hasta el final. Quizá eso sea lo que me impulsa a seguir adelante por muchas zancadillas que la vida me haya puesto en el camino y sin importarme las que vengan. Y una cosa más, y para mí es la más importante, tú, y solo tú fuiste la que me concedió la vida. ¿Hay algo mejor que un ser humano pueda conceder? Con esto queda dicho todo.


No quiero extenderme mucho más, hay tantas vivencias, y anécdotas, que serían interminables poder contarlas, y más sobre un folio en blanco, como dijo el gran J.J. Benítez.

Tú lápida me recuerda un folio en blanco, apenas cabrían unas pocas palabras para agradecer  todo lo que hicisteis por mí.

Descansad en paz, y desde la  tierra al Cielo, que os llegue todo mi cariño que sigo guardando en mi corazón.

Os he querido y sigo queriéndoos.


Vuestro para siempre.

Pepe Marín




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